Cómo aumentar y mantener la adherencia a un tratamiento

La adherencia a los tratamientos es un problema que afecta a todas las profesiones sanitarias, incluida la psicología. Sin embargo, no es raro hallar a una persona que abandona un tratamiento por diversas razones como son: olvido, hastío o por los efectos secundarios. De hecho, la Organización Mundial de la Salud estima que en los países desarrollados sólo el 50% de las personas con enfermedades crónicas siguen completamente las prescripciones terapéuticas.

Todo ello produce, según Sabaté (2003), para el paciente, la pérdida de una oportunidad de mejorar su salud y en ocasiones su agravamiento, mientras que para estado supone pérdidas económicas por el mayor gasto en medicamentos, hospitalizaciones, etc.

Veamos qué es la adherencia terapéutica y qué no es (centrada en este artículo en tratamientos médicos). También, los factores que la dificultan y formas para incrementarla y mantenerla.

¿Qué es exactamente la adherencia terapéutica?

En primer lugar, conviene advertir que la adherencia terapéutica no es equivalente al “cumplimiento” del tratamiento. Éste atribuye un rol pasivo al paciente, que se limita a seguir las instrucciones de un profesional. Y, por tanto, si incumple las recomendaciones la responsabilidad es únicamente del paciente. En cambio, la adherencia supone un papel activo e intencional del paciente que colabora con el profesional de la salud para mantener o mejorar su salud (Kyngas, Duffy y Kroll, 2000). Puedes ver aquí las diferencias entre los conceptos de cliente y paciente.

Además, hay que tener en cuenta que la falta de adherencia puede ser inintencionada. Ya sea por el olvido de tomar la medicación o de seguir otras prescripciones; o intencionada, dada una decisión consciente de dejar de tomar la medicación, administrar dosis diferentes a las prescritas o no cumplir otras recomendaciones (Rapoff, 2006).

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Factores que dificultan una adecuada adherencia

La adherencia terapéutica es un fenómeno muy complejo puesto que se ve afectada por muchos factores de diversa índole. Veamos algunos de ellos:

  • Condiciones socioeconómicas: dentro éstas se pueden englobar factores como la pobreza. También, hallarse en situación de desempleo, vivir alejado de un centro sanitario, dificultades en el desplazamiento, elevado coste de la medicación, prejuicios culturales o tener problemas familiares son variables que se han observado que influyen negativamente en una adecuada adherencia (Rosa, Olivares-Olivares y Olivares, 2012).
  • Supervisión negligente de la familia: especialmente relevante en población pediátrica (Kung, 2002).
  • Sistema de salud y personal sanitario: la falta de recursos (humanos y materiales) en un sistema de salud. A esto se suele sumar una insuficiente formación del personal sanitario sobre el fomento de la adherencia o una relación personal sanitario-paciente insatisfactoria también disminuyen la adherencia terapéutica (Wurst, Sleath y Konrad, 2003).
Otros factores que influyen en la adherencia terapéutica
  • Factores de la propia enfermedad: que una enfermedad sea crónica, leve o asintomática. O, por otro lado que exista comorbilidad con algún trastorno psicológico son variables que suponen una barrera a una adecuada adherencia (Ciechanowski, Katon y Russo, 2000).
  • Relacionados con el tratamiento: variables como una mayor complejidad del tratamiento. Un tratamiento prolongado, beneficios terapéuticos demorados o efectos secundarios adversos afectan negativamente en la adherencia terapéutica (Haynes, Ackloo, Sahota, McDonald y Yao, 2008).
  • Variables psicológicas del paciente: aquí se consideran factores como la baja percepción de riesgo o creencias erróneas de la persona. También, la capacidad de comprensión de las prescripciones, escasez de conocimientos sobre la enfermedad. Además, una baja autoeficacia o un elevado locus de control interno, es decir, creencia de que se puede controlar la enfermedad (Rosa et al., 2012).

Cómo fomentar la adherencia terapéutica

En lo que respecta a las instituciones, medidas como la mejora de la accesibilidad del transporte público, la financiación de medicamentos para las personas sin recursos, una mayor inversión económica en recursos para centros sanitarios o campañas de educación y concienciación en materia de enfermedades serían imprescindibles para disminuir o eliminar aquellas variables socioeconómicas y del sistema de salud.

Y en lo que concierne a los profesionales sanitarios, aquí algunas medidas que se han mostrado útiles en las investigaciones siguiendo a Haynes et al. (2008):
  • Asesoramiento personalizado y counselling: informar sobre la enfermedad y el tratamiento a seguir, adaptando el lenguaje para que sea comprensible y dedicando tiempo a resolver todas las dudas.
  • Instrucciones escritas: algo ya bastante extendido. Deben estar redactadas de forma clara, sencilla y comprensible.
  • Recordatorios: llamadas telefónicas o correos electrónicos para recordar la necesidad de seguir las pautas o avisar de próximas consultas.
  • Adecuada relación terapéutica: requiere formación por parte del profesional para establecer una buena relación. Conviene que todo el proceso sea llevado por el mismo profesional.
  • Calendarios: adjuntar a la medicación calendarios que especifiquen la hora a la que hay que tomar la medicación.
  • Alarmas: uso de alarmas por parte del paciente para recordar que debe tomar la medicación.
  • Simplificación del tratamiento: simplificar el régimen de dosificación, reduciendo, en la medida de lo posible, la frecuencia de las consultas, la toma de la medicación y la cantidad de medicamentos.
  • Recompensas y refuerzos: felicitar cuando se haya cumplido con las prescripciones y en caso contrario no “castigar”, sino averiguar el motivo y trabajar juntos para mejorar la adherencia.
  • Para enfermedades crónicas: conviene enseñar a anticipar situaciones de riesgo, cómo afrontar los problemas y las crisis y aprender de los errores, evitando la culpabilización. Los programas de reforzamiento pueden ser muy útiles para incrementar la motivación, especialmente en población pediátrica.

Referencias:

Ciechanowski, P.S., Katon, W.J. y Russo, J.E. (2000). Depression and diabetes: impact of depressives symptoms on adherence, function and costs. Archieves of Internal Medicine, 27, 3278-3285.

Haynes, R.B., Ackloo, E., Sahota, N., McDonald, H.P. y Yao, X. (2008). Interventions for enchancing medication adherence (review). Cochrane Database of Systematic Reviews, 2.

Kung, E. (2002). The role of family environment and treatment adherence in the metabolic control of children with type 1 diabetes: A meta-analysis. Disertation Abstracts International, 63.

Kyngas, H., Duffy, M. y Kroll, T. (2000). Concept analysis of compliance. Journal of Clinical Nursing, 9, 5-12.

Rapoff, M.A. (2006). Management of adherence and chronic rheumatic disease in children and adolescents. Best Practise & Research Clinical Rheumatology, 33, 301-314.

Rosa, A.I., Olivares-Olivares, P.J. y Olivares, J. (2012). Psicología de la salud en la infancia y adolescencia: Casos prácticos. Madrid: Pirámide.

Sabaté, E. (2003). Adherence to Long-term Therapies: Evidence for action. Ginebra: World Health Organization.

Wurst, K.E., Sleath, B.L. y Konrad, T.R. (2003). Physician’s perceptions of factors influencing adherence to antibiotic prophylaxis in children with sickle cell disease. Current Therapeutic Research, 64, 116-126.