Agorafobia sin trastorno de pánico

Tradicionalmente se ha asociado la agorafobia al trastorno de pánico. De hecho, está tipificado en los manuales diagnósticos el trastorno de pánico con o sin agorafobia. No obstante, existe una realidad en la práctica clínica cotidiana poco estudiada. Y, según algunas estimaciones, más frecuente de lo que el escaso número de publicaciones puede sugerir. Hablamos de la existencia de la agorafobia sin trastorno de pánico.

agorafobia sin trastorno de pánico
La agorafobia sin trastorno de pánico es menos común que su variante con ataque de pánico

La agorafobia

Según el DSM-5, la agorafobia se caracteriza por la aparición de síntomas de ansiedad. Síntomas al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil o embarazoso, o donde, en el caso de aparecer una crisis de pánico, o bien síntomas similares a la misma, no se disponga de ayuda. Normalmente son lugares abiertos pero se puede extender a lugares cerrados si se cumplen las características.

Esto limita mucho la vida cotidiana de la persona que la sufre. Es un impedimento importante a la hora de hacer tareas normales. Por ejemplo, salir de compras, ir al cine o conducir, pudiendo afectar a largo plazo a sus relaciones personales. En los casos más extremos la persona afectada podría llegar a encerrarse en su casa sin salir.

El post no ha acabado, pero quizás te interese:

Asimismo, los temores agorafóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características. Entre las que se incluyen estar solo fuera de casa, mezclarse con la gente… Por ejemplo, hacer cola, viajar en autobús o en tren. Además, dichas situaciones se evitan o se soportan a costa de un malestar significativo.

Como se ha dicho antes, la agorafobia puede estar ligada a otros trastornosGeneralmente el de pánico. Para ello, se requiere que también se cumplan los requisitos para el diagnóstico del trastorno de pánico.

Epidemiología de la agorafobia

Desde esta perspectiva epidemiológica, según el DSM-5, cada año es diagnosticada de este trastorno el 1’7% de la población, siendo su prevalencia alrededor del doble en mujeres que en varones. Asimismo, su curso suele ser crónico y su remisión sin tratamiento es inferior al 10% de los casos que la presentan. Estos datos nos informan de que la agorafobia sin trastorno de pánico es muy poco frecuente en la clínica.

Sin embargo, otros investigadores opinan que la diferencia entre los estudios epidemiológicos y la frecuencia de casos en la clínica se debería a que una agorafobia sin comorbilidad es menos incapacitante y las personas que la padecen suelen “convivir” con el trastorno sin pedir ayuda especializada.

Sobre la génesis de la agorafobia sin trastorno de pánico

De forma general podemos decir que la agorafobia sin trastorno de pánico es un trastorno real. Aunque poco habitual en la clínica. Sin embargo, hay autores que defienden que su prevalencia en la población es mayor de lo que dicen los estudios epidemiológicos.

Asimismo, los hay quienes afirman que la agorafobia sin trastorno de pánico en realidad no existe. Esto se debe a que consideran necesario el antecedente de crisis de pánico,. Aunque sea muy antiguo o se haya olvidado, para que aparezca una agorafobia.

Este segundo grupo de investigadores son partidarios del modelo de aprendizaje asociativo para la explicación de todas las fobias. Según este modelo, una fobia aparece en dos fases; una primera fase de adquisición y otra de mantenimiento. En la primera fase, un estímulo neutro se asociaría con un estímulo incondicionado aversivo que provocaría una respuesta de ansiedad, de modo que el estímulo neutro pasaría a ser un estímulo condicionado mediante condicionamiento clásico. En una segunda fase de mantenimiento, las respuestas de evitación o escape mantendrían esta situación mediante reforzamiento negativo.

En la agorafobia no hay estímulo neutro concreto. Por lo que se asocia al estímulo aversivo (el ataque de pánico) la situación global (lugar, acumulación de gente, no hay salida…).

No obstante, hay autores que creen poco probable que la persona afectada haya olvidado una experiencia como el ataque de pánico. Es por ello que algunos proponen que lo que actúa como estímulo aversivo es lo que denominan “ataque de pánico con pocos síntomas” (menos de cuatro) o alguna enfermedad somática como pudiera ser una epilepsia.

Conclusiones

Más allá del debate sobre la existencia de la agorafobia sin trastorno de pánico es cierto que cuando una persona pide ayuda especializada se le debe proporcionar. Cabe la posibilidad de que anteriormente a la agorafobia la persona cumpliese los criterios para el trastorno de pánico y con el tiempo éstos hayan remitido pero se mantenga la agorafobia. También es posible que el origen fuese otro.

Independientemente de lo anterior, el consenso general tiende a admitir la existencia de la agorafobia sin trastorno de pánico. El diagnóstico diferencial va a depender de lo que le esté sucediendo a la persona en ese momento. Lo que puede excluir los ataques de pánico y, por tanto, el diagnóstico del trastorno de pánico.