En este artículo vamos a descubrir por qué no somos mejores que Amy Winehouse. Miércoles de cine, 3’90€ en la cartera y superioridad moral alta para ver Amy: la chica detrás del nombre. Se trata de un polémico documental de Asif Kapadia. A falta de palomitas, los prejuicios bien a mano y conocimientos sobre las adicciones listos para dármelas de chula con la compañía. Para algo soy psicóloga desde mayo.

Como todo ser humano, me equivoco. Esta vez, lo hice a lo grande.

Si esperas ver una película sobre una chica que murió joven a causa de las drogas y soltar alguna risita en cuanto se oiga alguna nota de Rehab porque ¡ah, amigos, la ironía! No malgastes el dinero, no es tu documental.

En cambio, si esperas llevarte una lección sobre la importancia de las figuras de apego, la prisión que construye la Bulimia Nerviosa. La decadencia a la que puede llevar enamorarse de la persona inadecuada. Lo difícil que es controlar la espiral de caos personal sin caer en aquello de lo que la humanidad más se avergüenza. Entonces tienes que verla tarde o temprano.

El post no ha acabado, pero quizás te interese:

Como soy consciente de que la creación de Kapadia se disfruta más teniendo ciertos conocimientos sobre Psicología, ahí van algunos consejos que pueden ayudar. A los que se atrevan, a no ir de superiores al adicto. Ya que la bofetada póstuma que da Amy Winehouse durante dos horas es de todo menos pequeña.

Presta atención a todo lo que se dice sobre la infancia de Amy Winehouse

Pista: paradójicamente niños y jóvenes maltratados, abandonados o negligentemente tratados por sus padres, buscan y se adhieren, como un imán a cada mínima muestra de atención o cariño que estos les brindan. Sí, desde la pura racionalidad, lo más cabal sería pegar la vuelta de Pimpinela. Pero reflexionemos: qué es más adaptativo ¿pensar que la persona a la que quieres – y de la que dependes – te   desprecia, o que en el fondo siente cariño por ti pero le cuesta demostrarlo? Por si no lo sabías, la respuesta es la segunda. Así que, lo más normal, es que la persona busque esa muestra de cariño (que muchas veces consiste simplemente en ver que el otro se preocupa) como agua en el desierto.

Amy Winehouse
Amy Winehouse
Grábate a fuego dos palabras: apego ambivalente

Pista: seguro que alguna vez has querido muchísimo a alguien. Y le has odiado, a la vez. Le has querido. Le has odiado. Y nos hacemos una idea. Ese batiburrillo de sentimientos positivos y negativos sobre una misma persona/evento/cosa que nunca pasa de moda, se llama ambivalencia. El apego ambivalente no consiste en que los padres/figuras de apego más cercanas a la criatura quierodien a su hijo. Sino en que a veces le atienden, a veces no; a veces se preocupan, a veces no. Ante esto, el niño puede sentir que es culpa suya, demande más cariño y atención que sus coetáneos. Pero sobretodo, desconfíe plenamente de los demás. Total, nunca se quedan lo suficiente. Esto le ocurría a Amy Winehouse.

Comer + vomitar = control

Pista: los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son sumamente complicados y requieren de entrada aparte (que, prometo, haré). Por lo tanto, simplemente quédate con la idea de que TCA no es igual a querer estar más delgado. De verdad, no. Que no, te lo prometo. Al menos, no en la profundidad del trastorno. TCA es igual a querer tener control sobre la propia vida y la Bulimia Nerviosa (BN). En particular, trata de llenar un vacío interno ya descrito en esta entrada. ¿En qué se parecen Amy y Eloisa? Postdata: la BN se relaciona positivamente con la impulsividad.

Si quieres leer un caso de Bulimia en primera persona, pulsa aquí.

La droga del amor

Pista: el amor es adictivo. Una explicación extensa os la pueden brindar mis compañeros enamorados de la Neuropsicología, la versión muy muy resumida es la siguiente:

Todo es maravilloso cuando nos enamoramos. ¿Por qué? La culpa es de la feniletilamina, que también se encuentra en el chocolate (¡sorpresa!).

La feniletilamina activa la secreción de dopamina  que es un neurotransmisor relacionado con las adicciones y el placer. Esto nos lleva a un estado similar al que producen las anfetaminas. Y, por eso, entre otros fenómenos, nos volvemos entre lelos e insoportables. Sus ideas nos parecen fascinantes, nos reímos de todos sus chistes (incluido el de “y se cae el del medio”), hasta dejamos de lado su halitosis… Y lo más importante en relación al documental: nos tiramos de un puente si esa persona se tira y limpiamos el suelo con la lengua si se va para luego volver. Porque somos adictos a ella. Sumadle apego ambivalente y mirad el resultado en pantalla.

¿Qué te ocurriría si te cortasen las cuerdas vocales?
Amy Winehouse
Amy Winehouse

Pista: la gran mayoría de personas nos desahogamos hablando (otros escribiendo) y eso nos “premia” porque nos quita ansiedad. Generalmente, nos gusta estar tranquilos. Imagina que tu forma de aliviarte pasa por escribir y te quitaran constantemente el cuaderno para ir a recitar una y otra vez los mismos discursos con los que ya no te sientes identificado. Esta idea es fundamental tenerla en cuenta, sobre todo, en la etapa final del documental.

Por supuesto, luego puedes darle vueltas al tema de las adicciones y la denigrante morbosidad de los seres humanos amantes de monitorizar el sufrimiento de extraños cámara en mano.

Debe ser que toda la sala terminó reflexionando sobre estos seis puntos, porque el silencio que reinó tras acabar la película, incluso por las escaleras de salida, era atronador.
Tampoco hubo risillas cuando sonó Rehab.

Por mi parte, me guardé mi superioridad moral en el bolso. Me di cuenta de una realidad: con salvedades, todos hemos conocido a un/a Amy Winehouse, lo conoceremos, lo hemos sido, o lo somos.

 

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