“¿Que la FAD quiere qué?”, habrán pensado muchos, conocedores como son de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. Uno de los puntales contra el consumo de alcohol y sustancias estupefacientes en España. Pero no, tranquilos, la FAD no se ha vendido al lobby de bebidas alcohólicas. Al menos por ahora. Sin embargo, es eso lo que podría parecer en vista de su último anuncio si consideramos el principio de aprobación social.

En éste, se advierte con seriedad de que más de 480.000 menores de edad se emborrachan cada mes en España. Y no sólo eso, sino que, además, “todos pensamos que no va con nosotros”. Y tras tal chute de pesimismo, propone un siempre socorrido: “¿Hacemos algo?”. En resumen: Mal, todo mal. A no ser, como indica el título, que la FAD verdaderamente quiera incrementar el número de jóvenes que se emborrachan cada mes.

aprobación social
Desde el punto de vista del principio de aprobación social un buen mensaje alternativo sería “Ocho de cada diez jóvenes no han sufrido los efectos del alcohol el pasado mes: ¿Vas a ser tú uno de ellos?”

¿Cómo hacer bien una campaña de concienciación?

Y es que, ¿qué vamos a hacer si vamos a estar solos en una lucha contra un enemigo –el alcohol– que cada mes nos come más terreno? Luchar batallas perdidas es de necios.
Por otro lado, la FAD parece estar parafraseando el archiconocido lema publicitario de ING Direct, como diciendo; “El alcohol, tu hobbie y cada día el de más gente”. O apelando a aquel sesgo al que recurren las marcas comerciales. Éstas anuncian a bombo y platillo cuantísimos clientes tienen o –a falta de número rimbombante– cuantísimo ha crecido el número de clientes. Incluso algunos de los nuevos partidos ha entendido la necesidad de hacer referencia a “mareas” de personas (en Galicia) “en común” (en Cataluña). Ya lo dice el chiste: “Millones de moscas no pueden estar equivocadas: Coma mierda”.

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Expliquemos el principio de aprobación social

Todos estos ejemplos, que en la cultura popular ya está presente en dichos tales como “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”, es a lo que llamamos principio de aprobación social. Acerca de éste, Goldstein, Martin y Cialdini (2007) advierten que “las personas tienden a seguir las pautas de acción más populares independientemente de si sus efectos sean dañinos o beneficiosos”. Es decir, como el grupo de amigos que exhortan a uno de sus miembros a probar el tabaco; (“tío, eres el único del instituto que aún no ha probado un cigarro, todo el mundo lo hace”). Además, la FAD induce a los jóvenes a emborracharse en aquello que a finales de los setenta se llamó “la fiebre del sábado noche”, incurriendo en la aprobación social negativa.

Para ejemplificarlo, Goldstein y sus colegas recurrieron al Parque Nacional Bosque Petrificado de Arizona. Este parque contaba con un letrero que rezaba “su patrimonio está siendo destrozado diariamente por la sustracción de 14 toneladas de madera petrificada al año, generalmente en fragmentos pequeños”. ¿Imaginan ahora cuál fue el efecto de tal aviso? Efectivamente: Apelar a la aprobación social negativa aumentaba el número de sustracciones de madera petrificada (7.92%) con respecto a un escueto mensaje que decía “por favor, no extraiga madera petrificada del parque” (1.67%), e incluso con respecto a la situación de control, sin mensaje alguno (2.92%).

¿Como hacerlo entonces?
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“8 de cada 10 jóvenes no han sufrido el pasado mes las devastadoras consecuencias del alcohol”, campaña alternativa

Entonces, si no podemos anunciar el enorme número de jóvenes que se emborrachan al mes, ¿qué podemos hacer? ¿Mentir? Ni mucho menos: la comunicación persuasiva no nació para mentir, sino para convencer con la realidad.

Y, la realidad es que en dos años se ha reducido el número de menores que beben alcohol. El 76.8% de menores habían bebido alcohol los 12 meses anteriores a la última encuesta para el Plan Nacional sobre Drogas. Esto contrasta con el 81.9% de dos años atrás. También es real que estos 480.000 menores que beben alcohol cada mes son una gran minoría de entre los 2,18 millones de jóvenes de entre 15 y 19 años que hay en nuestro país, según las cifras de población publicadas por el INE el pasado año: “Ocho de cada diez jóvenes no han sufrido los efectos del alcohol el pasado mes: ¿Vas a ser tú uno de ellos?”, podría haber proclamado la FAD, haciendo gala de un mínimo conocimiento de psicología social.

Pero, queriendo apelar a un alarmismo social que –creía– haría temer a unos adultos que ven la batalla contra el alcohol como una guerra ya perdida, han creado una profecía autocumplida en toda regla, agravando una situación anunciando que ésta se agravaría para después decir: “¿Ves? ¡Te lo decía!”.