La educación que se merece esta generación es, en primer lugar, una educación tangencialmente distinta a la de generaciones precedentes. No porque las anteriores fueran peores ni mejores. Sino porque la educación es una institución social que no puede evolucionar a un ritmo tan desesperante en una sociedad en la que una noticia de ayer ya está desfasada. La educación que nos merecemos ha de estar en perfecta sincronía con nosotros. Es evidente, ¿verdad?

En segundo lugar, y es lo que aquí nos ocupa, la educación que merece esta generación es una educación que; escuche a los docentes, a los pedagogos, a los padres, a los propios alumnos… y a los psicólogos. Y es que, en materia de educación, nosotros tenemos mucho que decir. Cada vez más.

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Es necesario crear una escuela inclusiva

No hay personalidad relacionada con la educación a la que no se le llene la boca de hablar de inclusión en materia educativa. Sin embargo, la educación actual dista mucho de ser inclusiva. En primer lugar porque las buenas intenciones plasmadas en las leyes y los programas educativos no han conseguido cambiar los esquemas que se tienen en educación desde la época franquista.

Además, la inclusión de todos aquellos alumnos que por motivos de dificultades en el aprendizaje, procedencia, idioma o multitud de factores se ven segregados en el sistema escolar no se dará hasta que eliminemos términos como “alumno con necesidades especiales”. Esto implica que han de estar en clases separadas debido a que dificultan el aprendizaje de los “normales”. Es decir, de quienes no necesitan ayuda de ningún tipo. Y, además, no pueden seguir el ritmo de éstos. Pues bien, es preciso aclarar que las dificultades no existen por sí mismas. Existen en tanto en cuanto existe un currículo escolar con el cual determinados niños y niñas pueden tener dificultades.

Por otro lado, cabe mencionar que cualquier niño -cualquiera, su hijo el de los sobresalientes también- puede tener dificultades a lo largo de su ciclo académico. Y los sistemas de apoyo deben pensar, también, en ellos. Apoyando a cada cual en función de sus necesidades en ese momento. Por último, hace falta desterrar la figura del profesorado especial.

¿Qué se espera de los profesores?

Cualquier docente ha de tener las herramientas para hacer frente a cualquier necesidad de un alumno. Ello se consigue gracias al entrenamiento y la capacitación. Es necesario, para tener una educación de calidad, asegurar el carácter participativo de ésta más que integrador, pues el concepto “integrar” puede sonar a concesión que se hace a determinado alumno (“venga, te integro, pero cállate”), ley_ambiciosamientras que el término participación deja ver una implicación de todo el alumnado en la construcción de su propio aprendizaje, en igualdad de condiciones y sin diferenciaciones especial/normal. De hecho, los centros que se han atrevido a llevar a cabo una educación inclusiva han cosechado incluso mejores calificaciones globales que los centros convencionales, articulando redes de colaboración con organizaciones sociales y otros servicios educativos, entendiendo la sociedad como una sociedad educadora, y a la educación como algo que transciende a las aulas.

 ¿Qué es una sociedad educadora?

La sociedad educadora es el fin último de la educación, pues circunscribir ésta al mero contexto de educación reglada (clases) es una simplificación que en España aún es la posición dominante. Pero es una tarea que nos compete a todos, gobernantes incluidos. De hecho, no es sino la familia el contexto educativo por antonomasia, donde se aprende la mayoría de actitudes y creencias que nos acaban convirtiendo en quien verdaderamente seremos. Además, esta visión holística de la educación es una pieza angular para la función propia de esta institución social; la igualdad de oportunidades. La sociedad debe garantizar el aprendizaje de todos sus miembros de forma social. También implicarles, a su vez, en un sistema en donde serán ellos quienes tendrán la función de “docentes informales”. De esta forma, la educación inclusiva no sería sino el cauce natural de ésta.

Interacción en la educación

El modelo de interacción en la educación podría considerarse la madre del cordero. Implica a fin de cuentas, cómo se imparte la educación formal o reglada, pero también la educación no formal (la educación en la familia y en sociedad), pues estos modelos de interacción sobrepasarían los bordes que, artificialmente, hemos convenido en dibujar entre formal/informal/no formal.

Y es que la interacción a la hora de educar ha de cambiar radicalmente desde una educación vista como una competición entre los mejores (mientras los peores van abandonando la carrera de fondo) para concebirla como una educación en donde la colaboración es fundamental. La excusa de “se compite porque el mundo real es competitivo” es la misma falacia que la de aquella que, paralelamente, sostiene el neoliberalismo acerca de la “libre competencia”. La competencia, como siempre, y valga la redundancia con fines de rotundidad, la acaban ganando los de siempre. Y no es casualidad. Las diferencias han de ser vistas como forma de aprender. Los mejores resultados se hallan en grupos heterogéneos en donde se tienen puntos de vista “moderadamente divergentes”. También en donde, mediante el lenguaje, se consigue regular la entropía de la información hasta hacerla, colaborativamente, orden: conocimiento.

Los profesores no han de ser ajenos, pues, a este cambio de relaciones, sino que han de ajustarse a él. Dejando de lado el atractivo rol de jefe supremo, rompiendo la vara de mando. Y, sin sacrificar un ápice de poder, dar la voz a los alumnos, dejar que éstos sean quienes, a fin de cuentas, constuyan su propio aprendizaje. De esta forma, el aprendizaje, construido entre todos, se convierte en algo que nos involucra a todos y del cual todos somos parte.

¿Evitaríamos el fracaso escolar?

Quizás la lacra del “fracaso escolar” se vería reducida. Todos seríamos partícipes del conocimiento que hemos adquirido. Además, todos hemos aportado nuestra visión y nuestro conocimiento para reducir la entropía de la información y convertirla en nuevo conocimiento, modificando nuestros esquemas  previos, enriquecidos por los conocimientos de un profesor que guía al alumnado a construir (construir es,a mi juicio, la palabra que mejor define la educación) su propio juicio, desde un punto de vista crítico que se extrapole al conjunto de una sociedad crítica que, colaborativamente, también construya sus propios cimientos, sin la tutela de nadie, tan solo con la guía de quien puede aportar los conocimientos.

 Este es un pequeño esbozo de tres simples factores que han de cambiar en la educación española. Los cuales son posibles y en los que los psicólogos tenemos algo que decir. Faltan centenares de puntos que ni he citado. Otros por los que he pasado de puntillas y muchos que he explicado de forma laxa. Sin duda, hay multitud de obras que tratarán el tema de manera más profunda que un mero artículo de carácter divulgativo escrito por un estudiante de psicología.

Algunos de los que me he nutrido para realizar esta reflexión, son:

López Matallana, M., Torres Lucas, J. (2003) La sociedad educadora. En Psychosocial Intervention, Vol. 12, Nº. 2 (págs. 153-161)

García, R., Sánchez, E., Cuevas, I., Galán, M. L., Rodicio, H. G., Alemany, I. G., Sandoval, M. (2011). Orientación educativa. Atención a la diversidad y educación inclusiva (Vol. 2).

Colomina, R., Onrubia, J. (2001). Interacción educativa y aprendizaje escolar: la interacción entre alumnos, en César Coll, Jesús Palacios y Álvaro Marchesi (comps.), Desarrollo psicológico y educación. 2. Psicología de la educación escolar (pp. 415-435)

3 Comentarios

  1. Desde la opinión de una maestra… Creo que decir que “términos como “alumno con necesidades especiales”, implica que han de estar en clases separadas debido a que dificultan el aprendizaje de los “normales” (quienes no necesitan ayuda de ningún tipo) y, además, no pueden seguir el ritmo de éstos….” es un error o una opinión bastante personal con la que estoy lejos de estar de acuerdo. En ningún momento ese término implica que tengan que estar separados. Quiere decir que son alumnos con necesidades
    (también de aprendizaje) especiales o más específicas de las del resto o la mayoría de alumnos a los que tú llamas “normales” y “que no necesitan ayuda de ningún tipo”. TODOS y cada uno de los alumnos necesitan ayuda en su proceso de aprendizaje y desarrollo pero es cierto que algunos necesitan ayuda más específica y compleja. No son las mismas necesidades las de un alumno con autismo, un alumno chino que no conoce el idioma, un alumno con dislexia, un alumno ciego, un alumno sordo, un alumno con altas capacidades, o un alumno que tiene dificultades para leer, entre otros. Quizás no te guste el término, cosa discutible, pero éste no excluye a nadie de las aulas. Puede ser ideal que un maestro pudiera responder a las demandas o dispusiera de todos los conocimientos y herramientas para ayudar a todos estos alumnos como dices en el artículo, pero seamos realistas… el maestro no es Dios y no puede ser un especialista de todo, y aunque el maestro pudiera o supiera atender a todos los alumnos, tanta diversidad y tanta demanda en un aula es imposible de atender por una sola persona.
    ¿Te imaginas ser maestro de 25 niños y tener que atender tú solo al ciego, al sordo, al que tiene autismo, y a los otros 22 a la vez?
    Por ello creo que más importante que los maestros sean Dioses y dispongan de todas las herramientas y conocimientos para atender a cualquier alumno, es que otros profesionales y especialistas (psicólogos, especialistas en audición y lenguaje, etc) se impliquen y se INCLUYAN en las aulas. Un aula con diversidad de profesionales que sepa responder a demandas específicas de cualquier alumno es también un aula inclusiva y mucho más rica.
    La educación inclusiva es la meta que se ha propuesto ahora la educación (no la que se está llevando a cabo) y quizás por ello a muchos maestros “se nos llene la boca” con el tema pero hay que ser consciente de la complejidad del asunto y ser realistas.

    • Buenas tardes. Voy por partes para no dejarme nada.
      En primer lugar, considero que existe una fuerte contradicción en el grueso de la argumentación, ya que, si bien al comienzo defiendes que -textualmente- “en ningún momento ese término (alumno con necesidades especiales) implica que tengan que estar separados”, más adelante defiendes que sería imposible para un profesor atender a la diversidad que implicaría una clase heterogénea en donde estos niños tuvieran cabida. Esto me hace inferir que sí que defiendes la diferenciación de los alumnos con “necesidades especiales” en clases distintas.
      En segundo lugar, creo que es una argumentación tramposa por momentos por dos motivos. Por un lado, ¿en qué clases pueden verse juntos a un alumno con autismo, un alumno chino que no conoce el idioma, un alumno con dislexia, un alumno ciego, un alumno sordo, un alumno con altas capacidades, o un alumno que tiene dificultades para leer…? La estadística me hace sospechar que no es un escenario realista y que, lejos de ser representativo, soy muy escéptico de que exista algún caso semejante. Apelar, por tanto, a un escenario irreal para discutir acerca de la realidad educativa no lo considero un buen ejercicio (desde mi punto de vista). Otro argumento por el que dije que algunas partes eran tramposas era por el hecho de discutir acerca de la imposibilidad de llevar a cabo una educación inclusiva con las limitaciones del sistema educativo actual. ¡Pero si es precisamente el sistema educativo actual lo que quiero cambiar! ¿Es alocado pensar en 2 profesores por aula? Por supuesto que no, de hecho no es una idea innovadora ya que se ha planteado en numerosas ocasiones. Además, un sistema educativo en el que cambiaran las interacciones entre los sujetos involucrados en el aprendizaje implicaría un giro copernicano en cuanto a las condiciones del propio aprendizaje, en donde se apostaría por el crecimiento de las competencias intelectuales y emocionales de todos en cooperación.
      En tercer lugar, es tan obvio que los psicólogos hemos de involucrarnos en el sistema educativo que lo mencioné al comienzo del artículo (junto con otros profesionales) e incluso he llegado a plantear que la educación no es cosa de 4 paredes y 1 profesor sino que es función de la sociedad en su conjunto.
      Hay, además, medidas como los desdoblamientos (no basados en las necesidades como se hace actualmente sino en el ratio de alumnos), la flexibilidad curricular, etc. que pueden ayudar al docente a plantear una educación heterogénea sin pretender ser Dios, ya que nadie se lo pide.

      Voy a finalizar con una anécdota que presencié hace unos pocos días en el autobús:
      Un joven de 19 años que hacía un grado superior hablaba con su amigo de lo que le gustaba lo que estudiaba, y que ojalá pudiera hacer una carrera de eso.
      – Pues tío, si te gusta, hazlo – le dijo su amigo
      – Tío…¿cómo voy a hacerlo? – le respondió el joven
      – ¿Por?
      – Tío… Que he ido a diversificación.

      Estamos creando una sociedad en el autoconcepto de cada uno se basa en si estuvo en educación especial (diversificación) o en “la clase de los listos”. Sólo quería aportar una visión mediante la cual se eliminaran los prejuicios y las diferencias entre niños desde la premisa falsa de que las “necesidades especiales” son internas (falso, quizá sea por incompatibilidad con el sistema educativo, por el hastío por el tipo de interacciones en el aula o, ¿por qué no?, culpa del docente en algunos casos), estables y que la única forma de abordarlas es decidir que un chico va a tener una educación de menor calidad, dándonos golpecitos en la espalda porque al menos le estamos dando lo mejor a lo que el pobre desgraciado puede optar.

      Espero tomes en consideración algunos de los puntos que he propuesto de forma quizás demasiado laxa. Aun con todo, en el artículo dejé bibliografía altamente recomendable de especialistas muchísimo más formados que yo y que ahondan en mayor profundidad en el tema. De hecho, hay un artículo que he recomendado que se basa íntegramente en la educación inclusiva y su implantación en el sistema educativo.
      Tampoco quiero criminalizar a los profesores, sino al contrario, culpabilizar a la inmovilidad de un sistema educativo idéntico al franquista en donde éstos se han visto inmersos.
      Un saludo.

  2. Hola Raúl, lo primero perdona que ni si quiera saludé cuando te comenté. No estoy acostumbrada a escribir en blogs la verdad, perdona…
    Me gustaría dejar clara mi postura, no defiendo ni he defendido que los alumnos con necesidades especiales tengan que estar en clases separadas. Lo que he dicho es que un sólo profesor tiene muy difícil atender a 25 alumnos cada uno de ellos con necesidades muy diferentes y lo que defiendo es que en vez de separar a los alumnos a otras aulas en donde se les proporcione la ayuda que necesitan (con un profesor, psicólogo, etc) es que ése profesional se incluya en el aula. De hecho, yo he trabajado en un colegio en el que había tres profesionales dentro del aula. El colegio era un colegio público con un programa de preferencia para el alumnado con trastorno del espectro autista. En la clase había dos niños con TEA que seguían la clase como cualquier otro y estaban incluidos en todo momento en el desarrollo de la clase pero tienen un apoyo específico porque de verdad lo necesitan y sería muy complicado para una sola persona atender a estos dos chicos a la vez que al resto. También hay colegios en los que se está empezando a incluir a niños ciegos o incluso en la universidad podemos ver a alumnos sordos acudiendo a clase con un intérprete. De eso creo yo que trata la inclusión.
    Un saludo.

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