¿Funciona la psicología?

La psicología es una ciencia joven, donde aún conviven distintos modelos teóricos. Entre ellos el conductismo, psicoanálisis, humanismo, sistémico, etc… Desde estos modelos se plantean distintos modos de intervención terapéutica. La diversidad de modelos genera una imagen de la psicología como ciencia poco sólida. Dificultando la comprensión del por qué se produce el cambio terapéutico. Es decir, la mejoría de la problemática con la que acude el cliente. Esta diversidad teórica favorece un toque de misticismo a la propia psicología. Muchas veces la psicología queda oculta por el cerebro. Esto se llama, como veremos más adelante, cerebrocentrismo. 

Esto queda reflejado en el desconocimiento de la población acerca de las intervenciones psicológicas. También en el papel del psicólogo, en particular del psicólogo clínico. En casos (los que menos) se tienen creencias que se asemejan a que los psicólogos intervenimos mediante una especie de poderes y nuestra práctica llega a rozar lo esotérico).

De una cosa estamos seguros; en terapia se produce un cambio por parte del cliente. Además, afecta a diversas áreas de su vida (a mejor en caso de que sea una terapia exitosa).

¿Qué dicen los estudios sobre la clave del cambio terapéutico?

El campo de la psicología clínica, se ha centrado en líneas de investigación enfocadas a analizar los resultados. Intentando demostrar qué modelo y qué tratamientos son superiores en relación a su eficacia terapéutica y validez científica. Como exponente de estas investigaciones están los estudios llevados a cabo por John C. Norcross. Este tipo de investigación favorece el desarrollo de la psicología como ciencia. Sin embargo, para mejorar a nivel de la psicología aplicada nos interesa saber “cómo” y “por qué” funciona lo que sabemos que funciona.  Comprendiendo el “cómo” y el “por qué” de lo que se hace en terapia, facilitara repetirlo y favorecer el desarrollo de la intervención psicológica, mejorando la eficacia y eficiencia de los tratamientos psicológicos.

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Aspectos a evitar: el cerebrocentrismo

Antes de presentar la herramienta que nos permitirá explicar el cambio terapéutico desde un modelo esencialmente psicológico, es obligatorio detenerse en modelos biologicistas. Estos han ido tomando fuerza con el desarrollo de la neurociencia las técnicas de neuroimagen.

Lejos de las intenciones iniciales de los estudios neuropsicológicos, se ha ido dotando de un matiz místico al propio cerebro. Otorgándole así un papel de “ente” superior que permite explicar todas las actividades humanas. Esta moda de explicar absolutamente todo (incluso se encuentran artículos que hablan del “cerebro consumista” o “el cerebro que ama”. En base a correlatos neurales o neurotransmisores ha recibido un término acuñado por Marino Pérez Álvarez: CEREBROCENTRISMO. En ningún momento se devalúa la utilidad de la neuroimagen. Sin embargo, debemos de poner estas técnicas en el lugar que les corresponde. Al igual que otorgar la relevancia adecuada a los resultados que nos aportan para no caer en explicaciones pseudocientíficas de los tratamientos psicológicos o el comportamiento humano.

Os dejo una cita del propio Marino Pérez y un link al artículo original, para quien quiera profundizar más en este tema, al igual que el libro para quien se quede con ganas de conocer más sobre el cerebrocentrismo.

El mito del cerebro creador: Cuerpo, conducta y cultura (Alianza Ensayo)

No se trata de negar los posibles factores neuronales y epigenéticos implicados en los trastornos psicológicos. Sino de ponerlos en su sitio: en un circuito de factores. Un circuito que, por cierto, tiene su origen, valdría decir su causa inicial, en los esfuerzos adaptativos en función de las exigencias, posibilidades y constricciones ambientales. No se trata, por tanto, de negar su implicación. Pero tampoco de poner la genética ni la alteración cerebral por delante.

Como presuntos factores primarios y primordiales (etiológicos). Tampoco de apostar el remedio a la medicación a cuenta de supuestas enfermedades orgánicas […] Es importante que los psicólogos conozcan y contribuyan a estudiar la complejidad del cerebro, pero sin complejos. En realidad, puede que la psicología tenga más que decir del funcionamiento del cerebro y sea más relevante para su estudio, que al revés, a pesar de que los “fundamentos neurobiológicos” se suelen poner por delante o en la base de la conducta, de la personalidad, etc.

 Lee el siguiente artículo sobre cómo funciona la psicología y si quieres conocer más sobre la conducta y el Análisis Funcional.