En nuestro post anterior desentrañamos un poquito más el triángulo interactivo que da cuenta de cómo se desarrollan los procesos de enseñanza-aprendizaje en nuestras aulas. Para ello nos detuvimos en el vértice que ocupan los estudiantes y el profesor. Y, conocimos así las variables intervinientes en su éxito o fracaso académico. Hoy nuestros protagonistas serán los profesores y sus mecanismos de influencia educativa.

¿Cómo ser un buen profesor?

Para entender la función del profesor en la escuela trasladémonos a cualquier parque infantil. Allí, observemos el tipo de interacción que tiene un padre o madre con su hijo durante la actividad de juego.  Si viajamos a este escenario no tardaremos en comprobar el tipo de ayuda que procuran los adultos a los infantes. También, cómo gracias a ella, los niños aprenden y se divierten. Para ilustrar una de estas situaciones imaginemos que Sofía es una chiquilla de cinco años. 

Está tratando de construir un castillo de arena sin mucho éxito. No sería extraño ver cómo su madre le aconseja que vierta agua sobre la tierra. Así podrá apelmazarla y lograr de esta forma unos torreones mucho más sólidos. La madre de Sofía no ha cogido la pala y el cubo para hacer el castillo de su hija. Simplemente le ha hecho comprender que el barro es mucho más útil que la simple arena cuando se quieren hacer figuras. Es decir, ha mediado en la tarea procurándole a la niña un conocimiento que no tenía pero permitiéndole abordar la actividad con autonomía.

Pues bien, el profesor tiene que desempeñar exactamente el mismo papel que la madre de Sofía. Pero, en un contexto de desarrollo formal (la escuela) y en relación con otro tipo de aprendizajes (los contenidos del currículum).

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¿Qué es la concepción constructivista y cómo puede ayudar a un profesor?

La concepción constructivista entiende que la ayuda que debe proporcionar el docente a la actividad mental del alumno es imprescindible para construir los conocimientos que exige la etapa educativa correspondiente (Solé, 1991). Siendo así, la función del profesor sería la de mediar entre el contenido y el alumno. Para ir proporcionando a la situación de aprendizaje aquella competencia que aún no tiene el estudiante. El cual, finalmente, acabará interiorizando y regulando autónomamente las nuevas capacidades.

Esta función mediadora del docente  es congruente con la noción vygotskiana  de “zona de desarrollo próximo”  (Vygotski, 1978). Los teóricos señalan que elpapel del profesor es ir creando nuevas zonas de desarrollo en el alumno quien va adquiriendo nuevas competencias gracias a los dos mecanismos de influencia educativa de los que se sirve el docente: el traspaso progresivo de control y la construcción de sistemas de significados compartidos (Coll y  otros, 1992). Veamos en qué consiste cada uno de ellos.

La construcción de significados como herramienta para un buen profesor

La construcción de significados compartidos sobre los contenidos de aprendizaje supone aproximar las representaciones que alumno y profesor tienen sobre el objeto de conocimiento.  Para ello es necesario que se parta de una definición mínimamente compartida  sobre los contenidos. De lo contrario, el docente no podrá ir “tirando” de estos primeros significados del alumno para conducirle  a aquellos más avanzados y próximos a los saberes culturales. ¿Y cuál es el medio que posibilita esta interacción?

El lenguaje o,  lo que es lo mismo, los mecanismos de mediación semiótica.  El discurso y herramientas concretas del docente como son: la formulación de preguntas, las instrucciones o las orientaciones permiten al alumno reorganizar sus esquemas de conocimiento durante el proceso de construcción conjunta de significados. En otros términos podríamos decir que  la “negociación” que se produce entre profesor y alumno para alcanzar la definición compartida o intersubjetiva anteriormente comentada es posible gracias al lenguaje; un lenguaje que permite al  docente y al estudiante no solo representarse la realidad, sino también comunicarla, hacerla explícita, contrastarla, matizarla y, con ello, ir creando marcos de significados compartidos sobre aquellas parcelas del saber que constituyen los contenidos escolares (Wertsch, 1985).

¿Cómo utiliza un buen profesor el traspaso progresivo del control?

El segundo mecanismo de influencia educativa, el traspaso progresivo del control. Exige considerar el nivel de partida de los alumnos  e ir modificando la ayuda en función del progreso que vayan alcanzando a lo largo del proceso de enseñanza-aprendizaje. El objetivo último sería que la ayuda desapareciese. Así, el alumno logrará realizar la tarea con autonomía. Volviendo de nuevo a la concepción de Vygotsky; la influencia educativa del profesor tendría que concretarse en una serie de orientaciones que promovieran los aprendizajes que “tiran” del alumno a través de la zona de desarrollo próximo y convierten en desarrollo real lo que en principio es solo desarrollo potencial.

Para ello el docente no debe asumir totalmente la actividad del alumno. Debe apoyarle en los momentos de dificultad. Por lo tanto, la actuación del profesor desde este enfoque tendría que moverse en un continuo. Desde situaciones de mayor control por su parte a una progresiva cesión en favor de la autonomía y la autorregulación de los alumnos.

Habiendo concretado ya las armas de las que cuentan los docentes para favorecer los aprendizajes de sus alumnos (véase mecanismos de influencia educativa), cabe mencionar las competencias que debe tener el buen profesor.

Competencias del buen profesor

Teniendo en cuenta que la realidad escolar se compone de situaciones complejas, abiertas e inciertas. Y que, por lo tanto, no admiten una respuesta automática de aplicación por parte del docente. Éste tiene que ser un profesional reflexivo capaz de pensar sobre la acción y durante la acción.  Para Schön (1987) lo que caracteriza al docente como profesional es el pensamiento práctico que éste activa cuando se enfrenta a los problemas complejos en la práctica y, por ende, no existirían un conjunto de técnicas preestablecidas que el profesor tendría que desarrollar como mero ejecutor. La docencia requiere reflexión y, a poder ser, compartida. Es importante que existan tiempos y espacios de diálogo entre los miembros de la comunidad educativa. Así se puede favorecer que exista una respuesta educativa coordinada. Y, una ayuda coherente al alumnado independientemente de los ámbitos de conocimientos.

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