¿Nos comunicamos?

Uno de los principales problemas que abarrotan las consultas de psicología, y más aún, las de terapia familiar son los problemas de comunicación. ¿Cuántas veces no habremos escuchado aquello de “es que no sabemos comunicarnos” o “lo que yo no entiendo, es por qué no se comunica”. Quizás no estés logrando una comunicación eficaz. Partamos del concepto de comunicación atendiendo a la visión relacional de Watzlawick, en la que incluso la no comunicación es una forma de comunicación… ¿Y cómo es esto?

Aproximadamente el 95% de nuestra comunicación es comunicación no verbal. O lo que es lo mismo, lo que decimos verbalmente tan solo influye en un 5% de la comunicación global que mantenemos con un interlocutor cualquiera. Es por ello, por lo que cobran importancia los gestos, miradas, sonrisas, expresiones faciales, y demás elementos kinésicos, proxémicos y paralingüísticos de la comunicación, así como los silencios.

Pese a no querer comunicar, formamos parte de un mundo complejo de interacciones sociales. Porque el ser humano, es un ser social por naturaleza. Y, más o menos intencionadamente, formamos parte de dichas intercomunicaciones. Aunque ello signifique negarnos a tomar partido de las mismas.

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¿Por qué nos comunicamos poco y mal?

El ritmo de vida, el estrés, las nuevas tecnologías y en concreto las redes sociales, han supuesto una mayor individuación del ser humano a la par que han posiblitado un aumento en las comunicaciones a distancia y de forma masiva. Por eso, se plantean programas de intervención social.

Comunicaciones que sin embargo, se han tornado menos fluidas, intensas y profundas. En definitiva, menos significativas para quien las mantiene. Todo ello, ha generado un creciente sentimiento de soledad en la población general. No habiendo de confundir este con un aislamiento social, sino definiéndolo como una percepción de falta de apoyo social.  Además, de asistencial, no profesional, y continuado en el tiempo, que resulte fructífero y enriquecedor para quien lo mantiene. En definitiva, nos encontramos con más herramientas que facilitan la comunicación, pero que al mismo tiempo nos están sirviendo como pretexto para incomunicarnos.

comunicación eficaz
No es fácil lograr una comunicación eficaz si no sabes cómo.

Si bien es cierto que muchos expertos apuntan hacia la existencia de una adicción creciente hacia las nuevas tecnologías. Este no es un constructo validado y reconocido por la comunidad psicológica en su conjunto. Lo que lo convierte en una fuente de debate sin fin. Sin entrar en el mismo, podemos decir que pese a que el mal de la soledad es característico del siglo XXI siempre han existido problemas de comunicación, que en líneas generales vienen dados porque somos más proclives a hablar que a escuchar, y porque no siempre escuchamos de una forma activa y respondemos asertivamente.

Píldoras para una comunicación eficaz:

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Si llegados a este punto nos hemos dado cuenta de que no nos comunicamos de una forma totalmente adecuada, no pasa nada, estamos a tiempo de tomar medidas. Algunas de las claves que podríamos tener en cuenta serían las siguientes:

1. Escuchar el doble que hablar

2. Implicarnos física e intelectualmente en la escucha. Tan importante es procesar la información que se nos ofrece, atendiéndola, como mostrar al interlocutor nuestro interés.

3. Mantener un adecuado contacto visual. No llegar a intimidar al otro con una mirada fija. Regular la interacción con la mirada, ser conscientes de que un parpadeo excesivo puede interpretarse como impaciencia o nerviosismo.

4. Emplear una comunicación no verbal congruente y adecuada a la situación. Afirmar y negar con la cabeza como signo de atención y refuerzo. Además, recordar que los gestos y las expresión facial también hablan por nosotros.

Y más trucos para lograr una comunicación eficaz

5. Mostrar una respuesta empática verbal y no verbal. El rostro también nos sirve para mostrar empatía con los demás, demostrando que compartimos sus emociones.

6. Recordar que todo el cuerpo comunica. Es decir, prestar atención a lo que hacemos con los pies, las manos, los brazos… Aspectos a tener en cuenta serían evitar cruzar los brazos, mover rápido los pies o sentarnos demasiado hacia adelante, intentar no juguetear con bolígrafos u otros objetos, entre otros.

7. Ofrecer respuestas asertivas: mostrar acuerdo o desacuerdo pero hacerlo siempre de forma educada, sin mantener una comunicación agresiva. Por ejemplo en el caso de tratar con alguien con duelo anticipado.

8. Emplear feedback; nutrirnos de las respuestas del otro para conocer el impacto de nuestra comunicación eficaz a diferentes niveles y reajustarla si fuera preciso.

9. Tener en consideración a todos los integrantes del proceso comunicativo. Si estamos comunicándonos con una familia o un grupo de personas, incluirles a todos, repartir la atención de una forma equitativa, y si es en terapia, procurar plantear hipótesis que les incluyan a todos y les tengan en cuenta como parte del proceso de cambio.

10. Valorar y respetar los silencios: evitar llenar los silencios, tratando de entenderlos y de entender por qué nos producen incomodidad. “A veces un silencio dice más que mil palabras”

En conclusión, un proceso comunicativo eficaz es no sólo deseable, sino también perfectamente posible.

¿Nos ponemos manos a la obra y logramos una comunicación eficaz?

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