Ya vimos como afectaban los problemas económicos, la crisis  y el desempleo afectaba psicológicamente a la población. Pero ¿por qué no es igual para todo el mundo?

La alta tasa de paro española define uno de los rasgos más peligrosos del perfil de los efectos de la crisis en España. En la interfase entre lo social pero cercana al individuo y asociada con él, existen un conjunto de determinantes proximales con una influencia probada sobre la salud y su distribución entre los estratos de la posición social. Un marco teórico que nos acerca a estos factores (entre otros) procede de las “Teoría de las capacidades” de Amartya Sen (1999), que enmarcan los posibles rangos de opciones reales de las personas, tanto para sus comportamientos como para las condiciones de vida.

Algunos de estos determinantes tienen que ver con la información de la que disponen las personas. También sus actitudes, valores culturales, las “comunidades” e identidades de las que se sienten parte enmarcan su mundo local. Relacionado con la salud de forma probada están los apoyos sociales que en forma de red ayudan o no al individuo mediante sus redes familiares, redes de amistad, trabajo, colegas, afinidades, “tribus urbanas”. A través de las citadas redes se transmite información. Además de apoyo, afectos, cuidados y otros elementos inmateriales de la vida. También la autoestima y el “sentido que tiene la vida”. Todo ello parece estar condicionado por el entorno psicosocial más cercano. Además, forma parte de este entramado que rodea al individuo en red.

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¿Es el estrés el mediador para que afecte más o menos la crisis en la salud mental?

Podría ser el estrés el vínculo biológico que media entre estos factores psicosociales y la mayor o menor salud de los individuos. El estrés podría provocar una distorsión del funcionamiento del sistema inmunitario. Todo ello condiciona, por ejemplo cánceres de tipo diverso. También podría causar también endurecimiento de las paredes arteriales generando hipertensión, aterosclerosis, enfermedades coronarias y otro tipo de problemas.

Pero los efectos de las crisis económicas no quedan ahí. Además, provocan en numerosos países una reducción de los presupuestos sanitarios públicos. Y, habitualmente la salud mental se contempla como un campo de baja prioridad. Entre otras razones por la estigmatización de los trastornos psicopatológicos. Lo conveniente sería hacer justamente lo contrario. Es decir, invertir en el fortaleciendo de los factores de protección del impacto de la crisis.

En especial en grupos vulnerables como los niños, los jóvenes, los ancianos y las personas en desempleo o con graves dificultades económicas. Esto se observa en países con un sólido sistema de protección social. Éstos precisan menores cambios para reducir dicho impacto. Se han propuesto algunas medidas relevantes, ensayadas en algunos países con éxito. Todo ello para mitigar los efectos de la crisis económica en la salud mental. Todo esto se debe a  que en ocasiones las consecuencias de una crisis económica y las medidas políticas contra ella pueden agravar las desigualdades ya existentes.

¿Qué podemos hacer para mejorar las condiciones y evitar trastornos?

Estas recomendaciones incluyen una aceleración en la reforma asistencial en salud mental en el sentido de incrementar los servicios comunitarios. Por ejemplo, mantener la cobertura sanitaria de manera universal constituye una de las mejores respuestas. También políticas activas de empleo para reducir las tasas de paro. De manera especial en la población joven, programas de ayuda familiar para familias numerosas,  programas especiales de apoyo a personas con dificultades económicas básicas, como la vivienda, una política activa de reducción del consumo de alcohol que podría incluir un aumento de los impuestos.

Todo ello tendría en consecuencia favorecer lo que se ha denominado «capital social». Tratando así de apoyar todas aquellas actividades que supongan una posibilidad de establecimiento de redes sociales. No podemos olvidar que una crisis económica puede implicar cambios positivos en estilos de vida, al disponer de mayor tiempo de ocio, dedicación a familia y amigos), y finalmente, una política adecuada de información sobre los suicidios que evite conductas miméticas, de manera particular en la población joven. La complejidad del concepto de «salud mental» alcanza ámbitos de actuación que van incluso más allá de las políticas específicas en salud. Los determinantes sociales de una crisis económica no pueden dejarse de lado, sino que han de formar parte prioritaria de una actuación política integral.

Fuente documental o bibliografía.

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