En las últimas décadas, hemos pasado de convivir con la muerte como algo totalmente natural, a casi rechazarla. Hasta el punto de que actualmente la muerte se ha convertido en un tema tabú en nuestra vida cotidiana. En una sociedad en la que prima la cultura de la belleza, de la juventud y del hedonismo no hay cabida para hablar de la muerte y de la consecuencia más evidente que acarrea para las personas que el fallecido deja tras de sí: el duelo por su pérdida. Sobre todo si se trata de un duelo anticipado.

duelo anticipado

Cuando alguien fallece, parece que es casi un imperativo que la familia supere pronto la tristeza y comience a hacer vida normal en el menor tiempo posible.

En definitiva,  no nos gusta pensar que todos vamos a morir algún día y, lo que es aún peor, que iremos perdiendo gente amada a lo largo del camino. Por eso solemos apartarlo de nuestra mente, dificultando la normalización de los procesos de elaboración del duelo que tan necesarios son para seguir adelante.

El duelo anticipado

La cosa se complica cuando los psicólogos y otros profesionales de la salud tratamos de hacer ver que no sólo la muerte real puede provocar un duelo. También la anticipación de la misma, o la pérdida inevitable de sus capacidades. En ultimo término, su muerte psíquica, pueden desencadenarlo. Es en estos casos cuando se da el proceso que da título al presente artículo: el duelo anticipado.

El duelo anticipado es, por lo tanto, se experimenta cuando una persona se encuentra frente a la posibilidad de anticipar su propia muerte o la de un ser querido. Veámoslo con un ejemplo; un paciente oncológico recibe la noticia de que tiene una metástasis avanzada. Como mucho le quedan seis meses de vida. Experimentará un proceso de duelo anticipado por la anticipación de la pérdida de su propia existencia en un corto período. De igual manera que sus familiares vivirán un fenómeno similar. También puede producirse duelo anticipado al tener que encajar un diagnóstico de enfermedad degenerativa. La persona tiene que hacerse a la idea de que irá perdiendo poco a poco sus capacidades cognitivas o psicomotoras. Los ejemplos más típicos suelen ser los diagnósticos de enfermedad de Alzheimer, esclerosis múltiple, enfermedad de Huntington o de Parkinson.

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En consecuencia, el duelo anticipado suele comenzar en el instante en el que se da un diagnóstico y pronóstico irreversible de las expectativas de vida o de pérdida de capacidades de una persona.

Claves para identificar el duelo anticipado

¿Cómo podemos detectar si alguien se encuentra en este proceso de duelo anticipatorio? En líneas generales, los síntomas de un duelo anticipatorio se asemejan bastante a los de un duelo de otra índole:

  • Tristeza y llanto; tanto por la inminencia de la pérdida como por la incertidumbre ante los cambios que ésta acarreará
  • Soledad y aislamiento; debido a la falta de aceptación social que comentábamos al principio del artículo. Muchas veces la gente evita tratar estos temas. Por lo que los afectados se sienten juzgados e incomprendidos por la sociedad.
  • Ansiedad
  • Cuando se ve a un familiar sufriendo intensamente, es normal que las personas deseen que fallezca para que deje de padecer. Sin embargo, también quieres que sobreviva por el amor que sientes hacia él. Esta ambivalencia también aparece en muchas ocasiones de manera conjunta con la culpa por ser tú el que sobrevive y no tu ser querido.
  • Ira, irritabilidad e impotencia

¿Significa todo esto que si se elabora un duelo anticipado no habrá que llevar a cabo posteriormente un duelo por el fallecimiento “real” del ser querido? No, puesto que se trata de procesos diferentes, etapas del ciclo vital normal por las que hay que pasar para recuperarse de forma satisfactoria.

Lo que sí es cierto es que si se elabora un duelo sano previo al fallecimiento, será más sencillo afrontar el final del proceso. Y es en este punto en el que los psicólogos podemos ayudar.

Necesidades e intervención en duelo anticipado

Según Barreto, Díaz, Pérez y Saavedra (2013), grandes expertos en las diferentes maneras de afrontamiento de la muerte, las necesidades que frecuentemente presentan las familias con un pariente en el final de su vida se dividen en 6 categorías. A continuación esbozo cuáles son, y cómo puede ser útil la figura de un psicólogo en cada una de ellas:

  • Necesidad de información y formación: en los momentos de incertidumbre, los seres humanos necesitamos saber a qué atenernos. Conocer bien las características de la enfermedad. Cómo va a ser el proceso, qué cuidados requerirá el paciente, saber qué es el duelo anticipado… Son conocimientos que suponen una fuente de calma y alivio. La psicoeducación juega aquí un papel fundamental.
  • Necesidades de apoyo: no es sencillo afrontar este tipo de circunstancias vitales. Por eso es necesario fomentar las relaciones sociales, fortalecer el vínculo familiar y ofrecer apoyo psicológico. De esta forma que la persona se sienta reconfortada y apoyada en todo momento.
  • Necesidad de comunicación: en estas circunstancias, es vital ofrecer a la gente espacios seguros en los que expresar sus emociones, sus pensamientos. Incluso pedir ayuda para hacer frente a todas estas necesidades. La consulta de un psicólogo, un grupo de autoayuda o las conversaciones con personas de confianza pueden cubrir esta necesidad.
  • Necesidades económicas y de servicio en la comunidad: todos somos conscientes de que los cuidados médicos requieren importantes inversiones de dinero y de tiempo. En numerosas ocasiones las familias no pueden asumirlo. Desde la psicología no podemos hacernos cargo de este tipo de necesidades. Sin embargo, debemos ofrecer a estas personas recursos a los que poder acudir: recursos oficiales, asociaciones, centros sociales…
  • Necesidades de funcionamiento familiar: la dinámica de las familias cambia radicalmente ante la inminencia de la muerte. Requieren preparación para afrontar los cambios.

¿Qué es el duelo anticipado?

duelo anticipado
El duelo anticipado puede requerir ayuda profesional

En conclusión, podemos afirmar que el duelo anticipado hacer referencia a la reacción posterior a la noticia de la pérdida inminente de un familiar. Ya sea, debido a una enfermedad terminal o degenerativa que vaya acarrearle otras pérdidas importantes (movilidad, autonomía, memoria…). La presencia de este tipo de duelo no significa que no vaya a realizarse el proceso de duelo posterior a la muerte. Más bien, se trata de un período de aceptación de este fallecimiento. De esta forma, permite cerrar la relación con el ser querido y decir adiós. Por lo que puede entenderse también como una oportunidad de despedida.

Los psicólogos estamos para ayudar en el acompañamiento a lo largo de este proceso de importante. Cambios y sentimientos ambivalentes, ofreciendo escucha, recursos de afrontamiento y apoyo incondicional.