En la película Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) —conocida en España como ¡Olvídate de mí! — sus protagonistas, Clementine y Joel, recurren a los servicios de Lacuna Inc. una pequeña clínica que ofrece la promesa de  borrar los recuerdos que desees. La posibilidad de hacer desaparecer de nuestra memoria recuerdos dolorosos sigue perteneciendo a la ciencia ficción. Sin embargo, algunos estudios experimentales se han preguntado sobre las posibilidades que puede ofrecer el proceso de reconsolidación de la memoria para modificar recuerdos. ¿Es posible llegar a un borrado del miedo?

Reconsolidación de la memoria

Según el modelo tradicional de la memoria, una vez que un recuerdo era adquirido y consolidado permanecía en la memoria a largo plazo de forma inalterable.  Una numerosa evidencia empírica aparecida durante los últimos 15 años ha cuestionado esta concepción. Cuando recordamos, reactivamos una huella de nuestra memoria ya consolidada. Esto hace que vuelva a un estado lábil y modificable hasta su re-estabilización en la memoria a largo plazo. Este proceso se conoce como reconsolidación y nos indica que nuestra memoria es dinámica. Los recuerdos pasan por un ciclo de evocación y reestabilización haciendo posible introducir cambios: actualizándolos, debilitándolos o fortaleciéndolos.

Este fenómeno se ha investigado especialmente en la memoria del miedo.  Aprender que algo es peligroso induce la creación de nuevas conexiones neuronales en la amígdala. Mientras que la reactivación de un recuerdo aversivo lo vuelve a un estado de labilidad que requiere de una nueva síntesis de proteínas para su re-estabilización. Esta reconsolidación origina una ventana temporal limitada durante la cual el recuerdo permanece en un estado susceptible de modificación.

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¿Qué posibilidades abre este fenómeno de cara a la clínica?

Necesitamos el miedo, un sistema de alarma que se activa ante peligros potenciales. Ya sean presentes o futuros, preparándonos para actuar del modo adecuado. La memoria es clave en esta función, nos permite recordar qué fue peligroso una vez y, probablemente, volverá a serlo. Pero una alteración en este sistema de memoria es al mismo tiempo clave en el desarrollo de muchos trastornos. Podemos aprender a temer estímulos que en principio eran inocuos.

Pero, aparecieron junto a otros que eran peligrosos. Un ejemplo de ello son algunas fobias o el trastorno de estrés postraumático. En este segundo caso, estímulos que estaban presentes en el momento de la situación traumática quedan asociados a ésta, llegando a suscitar el mismo terror que la propia situación, y además sirven para desencadenar intrusiones y recuerdos en la víctima sobre el horror padecido. Estas descripciones hacen referencia a lo que en psicología se denomina miedo condicionado.

Adquirimos un miedo condicionado si, por ejemplo, tras la aparición de un cuadrado azul en la pantalla de un ordenador recibimos una descarga eléctrica de baja intensidad. Tras varios emparejamientos y casi sin darnos cuenta, la aparición el cuadrado azul desencadena una respuesta fisiológica. Acaba despertando temor. Este es uno de los procedimientos que se utilizan en estudios experimentales que siguen el paradigma de condicionamiento del miedo.

¿Cómo se puede borrar el miedo?

El procedimiento que se emplea para desligar estos estímulos, en principio neutros, de la respuesta de miedo que provocan es la exposición. Al exponernos al estímulo sin consecuencias se extingue la respuesta de miedo. Si el cuadrado azul aparece en varias ocasiones sin la descarga, al final dejará de producir miedo.

Parece que la desaparición de la respuesta de miedo se debe a que adquirimos un nuevo aprendizaje. Ahora este estímulo no se acompaña de algo peligroso. Pero el miedo puede volver, debido al paso del tiempo o por una pista del contexto que activa el recuerdo, ya que los dos aprendizajes coexisten. La utilización del procedimiento de  extinción durante la ventana de reconsolidación (Monfils, Cowansage, Klann y LeDoux, 2009) podría servir para  modificar el recuerdo de forma similar a un “borrado del miedo”, en contraposición a la inhibición que se logra habitualmente con el proceso de extinción tradicional (Quirk y cols. 2010).

Extinción contra el miedo

El proceso de extinción permitiría introducir nueva información (qué estímulos no son una amenaza) durante el periodo en que las conexiones en la amígdala son maleables por la reactivación del recuerdo, de forma que provocaría un cambio en la memoria previniendo la reaparición de la respuesta condicionada (Schiller, Monfils, Raio, Johnson, LeDoux y Phelps, 2010).

miedo
Escena de la película “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” (2004)

Algunos de los estudios que han analizado la posibilidad de borrado de la respuesta de miedo condicionado han hallado indicios a su favor (Agren y cols., 2012; Liu y cols., 2014; Oyarzún y cols., 2012; Schiller y cols., 2010; Steinfurth y cols., 2014), pero otros no han encontrado evidencia del efecto (Golkar y cols. 2012; Kindt y Soeter, 2011; Soeter y Kindt, 2011; Marks y Zoeliner, 2014; Meir Drexler y cols. 2014; Warren y cols. 2013). Quedan aún muchos interrogantes planteados a los que dar respuesta hasta llegar a una posible aplicación del procedimiento en la clínica. ¿Realmente existe un “borrado” del miedo? ¿Cuáles son las condiciones óptimas para inducir la reconsolidación y provocar cambios? En el futuro, la investigación debería continuar para proporcionar respuestas.

Fuera del laboratorio…

Los estudios a los que aquí se ha hecho referencia han observado cambios sobre asociaciones adquiridas por condicionamiento en laboratorio. Pero ¿los cambios a través del proceso de reconsolidación son posibles también en memoria episódica, específicamente en recuerdos de eventos traumáticos?

Kredlow y Otto (2015) observaron interferencias en los recuerdos traumáticos sobre el atentado de la maratón de Boston en sus participantes mediante la lectura de una historia de contenido emocional negativo tras la reactivación del recuerdo, siendo los primeros en examinar empíricamente este fenómeno. Anteriormente Weems et al. (2014) se basaron en dos experimentos naturales longitudinales con jóvenes que vivieron el huracán Katrina y posteriormente el huracán Gustav para ofrecer evidencia de la reconsolidación en recuerdos traumáticos. Estos autores observaron que la exposición de bajo riesgo al Gustav redujo la gravedad en el relato del recuerdo del Katrina. Mientras que la exposición a alto riesgo la aumentó.

Parece que los recuerdos traumáticos son susceptibles a la interferencia por información introducida durante la reconsolidación. Lo cual deja abierta la puerta a la posibilidad de beneficiarse de esta cualidad en la clínica.  Hasta ahora la investigación ha dado alguna respuesta y generado muchas preguntas. Es necesario continuar en ese camino para hallar pruebas sólidas de un borrado del miedo y determinar las condiciones más adecuadas para, en un futuro, poder aplicar el procedimiento en la práctica clínica.

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