Mi pretensión a lo largo de esta última entrada sobre el maltrato era explicar los factores asociados a su incidencia y prevalencia en nuestra sociedad. No obstante, María Xesús Froján, Doctora en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, los expone perfectamente en este vídeo. En él, enfatiza aquellos aspectos relacionados con la interacción conductual de los miembros de la pareja. Como sé reconocer cuándo dos son multitud, prefiero que los escuchéis de su boca.

¿Cuál es el caldo de cultivo de un/a maltratador/a?

La respuesta: todos nosotros.

Si algo nos gusta a los seres humanos es buscar culpables y, como bien resalta Raúl. Nos encanta poder señalar a alguien con el dedo y decir “la culpa es de X, que es un/a malnacido/a”. Obviamente, puede que X lo sea – aquí no justificamos ningún maltrato ni a ningún/a maltratador/a – pero ¿tiene algo que decir la sociedad ante que X sea así?

Nos hemos criado en una sociedad hambrienta de poder, sinónimo de éxito. El éxito, a su vez, es dominio y subordinación. Al menos, como nos venden en los medios de los que aprendemos modelos de vida sin darnos cuenta. He ahí el papel del aprendizaje vicario, es decir, aprender simplemente por el hecho de observar.

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La lucha por el poder se ha extrapolado a las relaciones personales. Y, fundamentalmente, las de pareja. Si os fijáis, siempre un miembro tiene que estar por encima del otro. Y, además perder la individualidad para pertenecer a la otra persona. Un ejemplo es el famoso es mío/a, tan propio como una hipoteca.

¿Quién tiene la superioridad?

Desgraciadamente, estaría mintiendo si no resaltara que, por lo general, desde el principio de los tiempos la superioridad en la pareja (heterosexual) se atribuye inconscientemente, y de forma natural, al hombre. Él debería llevar los pantalones porque es físicamente más fuerte (fuerza es poder). Y,  es lo que se espera de él, tiene que ser un hombre (sin presiones, género masculino). Por si no fuera suficiente, el varón tiene que mantener su posición para no pasar automáticamente a ser un calzonazos. Algo aparentemente vergonzoso teniendo en cuenta el estereotipo de “macho”. Esto llega a unos niveles un tanto vergonzosos cuando hay gente que se cuestiona quién lleva el rol de hombre y quién el de mujer en las parejas homosexuales masculinas y femeninas.

Como sabemos, la violencia, a fin de cuentas, es una cuestión de poder en la que se intenta salvaguardar el propio rol y los beneficios auto-adjudicados en la relación en detrimento de la pareja. Esto, en muchas ocasiones, responde, nada más y nada menos, que a los estereotipos de género: la mujer tiene que servir a su hombre. De nuevo, esto no solo lo aprendemos verbalmente, sino que se nos muestra sutilmente tanto en publicidad. También en literatura o, simplemente, en el hogar. Por lo tanto, no es de extrañar que, estadísticamente, el maltrato a la mujer sea el más numeroso.

Pero, cuidado, no solo de buen machismo vive el hombre. Y,  si no, pregunten a los varones maltratados por qué no denuncian lo que les ocurre.

¿Qué hay más allá del maltrato?

En definitiva, las víctimas de maltrato no solamente tienen que lidiar con el acoso al que se encuentran sometidas todos los días. Además, con la opinión social, con el qué dirán, con las posibles burlas. Contribuyendo a una revictimización que las empuja a seguir dentro del círculo. Como les ha hecho creer su agresor: están solas, les dan la espalda.

Si a esto le añadimos que vivimos en una sociedad que teme la GRAN cantidad de denuncias falsas (en 2013, 22 frente a las 124.894 totales, según el artículo). Solo acepta el maltrato cuando ya se ha producido la violencia que se ve. Resulta atroz constatar que las víctimas, cuyas muertes indignan a una sociedad dormida, son las grandes olvidadas. Qué importa que se trate de personas que han de esperar el primer empujón para poder ser escuchadas. Lo primordial es no desperdiciar recursos en que alguien pueda estar mintiendo sobre un hecho tan poco frecuente como es ser maltratado.

Más allá del maltratador…

Pero nos han vendido que la responsabilidad es solo de X, que es mala gente. Sin embargo, X es solo la muy culpable punta del iceberg. Iceberg que mantenemos todos con actitudes cotidianas que contribuyen a perpetuar los estereotipos. ¿Quién no ha dedicado nunca la palabra calzonazos? ¿Quién no ha insinuado nunca que alguna mujer ha hecho alguna artimaña extracurricular para ascender a un alto cargo?

maltrato
Iceberg del machismo. Se incluye el maltrato como la punta del iceberg

Vivimos en un Siglo XXI que esgrime con orgullo la cómoda ideología de la Edad Media (“Rubén Castro, alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien”) que no parece dispuesta a experimentar cambio sustancial alguno en un futuro.

Y nosotros, consciente o inconscientemente, la mantenemos. En ocasiones, simplemente haciendo ver que el problema es “denunciar” que hay un problema.

Hay y siempre habrá X psicópatas, sociópatas… para que nos entendamos, malos/as per se. También hay X cuyo objetivo reside meramente en mantener esa superioridad que le corresponde por un derecho que se le ha otorgado por haber nacido. Las acciones de ninguno son justificables. Ahora, ¿por qué seguir con los brazos cruzados si podemos parar la cadena de montaje de, al menos, uno de ellos? Viendo lo que hemos ido tratando a lo largo de esta guía: ¿creéis que es imposible intervenir, a nivel preventivo, en materia de Educación? ¿Y a título personal?

Para finalizar…

Me gustaría finalizar esta guía para prevenir y detectar el maltrato (a título individual) y esta reflexión sobre la responsabilidad de la sociedad en su existencia con un vídeo (también facilitado por Jorge) que expone de manera muy visual lo que he intentado destacar en esta entrada. Atentos al cinturón.

Si eres víctima de violencia de género o conoces a alguien que pueda estar en esa situación, llama al 016. Podrán ayudarte, asesorarte y ayudarte a ayudar. Si eres menor/adolescente y víctima de maltrato en tu hogar. Los psicólogos de la Fundación Anar están disponible también las 24 horas en el 900202010 (gratuito).

No lo olvides: el silencio es el mejor amigo del abuso.

 

 

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