Hace no mucho tiempo acudí a una conferencia. En ella, el ponente relató una práctica que un profesor amigo suyo ejectuaba todos los años antes de iniciar un curso académico. Es un buen ejemplo para entender quién, cómo y por qué forman nuestras opiniones.

Este profesor preguntaba a sus alumnos: ¿Qué país tiene el peor gobierno del mundo? Las respuestas eran relativamente homogéneas: Cuba, Venezuela y Corea del Norte copaban los primeros puestos. Tras ello, la pregunta era obligada: ¿Habéis estado alguna vez en alguno de estos países? Por supuesto, la respuesta era un “no” relativamente unánime. Sorprendido, el profesor preguntaba: Y, ¿cómo se llaman los jefes de estado de estos países?. No había duda: Fidel Castro, Hugo Chávez (en aquel entonces) y Kim Jong-un. “Y…¿cómo se llama el presidente de Portugal?”, preguntaba el profesor para finalizar. Absolutamente nadie sabía responderle en ninguno de los años en los que este profesor dio clases. Nunca.

¿Formamos nosotros mismos nuestras opiniones?

 

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“Cuando todos piensan igual es porque nadie está pensando”

Este relato nos conduce a una reflexión obligada, independiente de sesgos ideológicos u opiniones; ¿Quién ha pensado por nosotros? ¿Quién piensa por ti? ¿Eres libre en tus opiniones?¿Es posible que hayan hecho que nos importen más los presidentes de países que se encuentran a miles de kilómetros de distancia que aquellos que se encuentran adyacentes al nuestro? Y sobre todo: ¿Cómo lo han hecho?

Siguiendo a Baron, R. A. y Byrne, D. (1998), podemos encontrar diversas formas de inocular actitudes mediante mecanismos sumamente sencillos. Caben destacar:

Condicionamiento clásico como método para cambiar pensamientos

¿Recordáis al famoso perro de Pavlov, aquel que asoció una campana con la comida y acabó salivando con el simple hecho de escuchar dicha campana? Pues nosotros no somos mucho más hábiles para evitar la manipulación como lo es un perro. Y es que la psicología social ha demostrado mediante estudios de condicionamiento subliminal que, asociando a palabras neutrales (véanse CubaVenezuela) estímulos aversivos, acabaremos por evocar emociones negativas con el simple hecho de mencionar a estos dos países. De hecho, es tan simple como fruncir el ceño al ver a una persona negra con tu hijo delante.

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Los medios de comunicación y su papel en la formación de actitudes y opiniones

Este, muy probablemente, asocie inconscientemente ambos estímulos, relacionándolos entre sí, pudiendo producir los denominados perjuicios raciales. Por supuesto, no todo el condicionamiento con el fin de influir en nuestras actitudes es tan simple.

Pero, quizá a partir de ahora seáis capaces de interpretar la música, los adjetivos o las expresiones que se utilizan en televisión al hablar de uno u otro protagonista y, como mínimo, de reflexionar si a estos subyace algún tipo de interés.

La estrategia del Condicionamiento instrumental

Los autores previamente mencionados nos realizan una pregunta muy pertinente: ¿Alguna vez has oído decir a un niño de tres años de edad, con absoluta convicción, que es republicano o demócrata -en España, equivaldría a decir “del PP o del PSOE- o que los Fords (o los Hondas) son mejores que los Chevrolets (o Toyotas)?

Por supuesto un niño de esa edad no tiene fundamentos teóricos ni competencias como para realizar dichas convicciones. Tras esta pregunta, yo haría la siguiente: ¿Os habéis parado a comprobar a qué partido votan sus padres o qué coches prefieren estos? Por supuesto, la correlación será alta entre las actitudes de los padres y las que los niños dicen tener. Y este tema no es baladí.

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Recompensas y castigos modifican nuestras opiniones

Sino que responde a una cuestión de mero condicionamiento instrumental, moldeando las actitudes de los hijos mediante recompensas y castigos. No me cabe ninguna duda de que, en la mayoría de los casos, se dará un condicionamiento involuntario por parte del padre. Sin embargo, la intención, en este caso, no es lo que cuenta. Y es que cuando un padre sonríe al responder su hijo a la pregunta “Hijo, ¿de qué equipo eres?” con un rotundo “Real Madrid”, no fomenta sino una actitud: ser del Madrid.

En este caso, resulta un tema relativamente inocuo, ya que se trata de una pura filiación deportiva. Sin embargo, también actúan como recompensas y castigos la aprobación o desaprobación según alabes el sistema económico estadounidense o cubano. Por ello es por lo que existen tradiciones ideológicas en las familias; las recompensas y los castigos serán distintos si naces en el seno de una familia liberal o comunista, “del PP o del PSOE, de Ford o de Chevrolet”…

Modelado

 “Haz lo que yo te diga y no lo que yo haga”. Palabras que he escuchado decir en innumerables ocasiones a mi padre. Como la mayoría de los padres, no ha tenido formación psicológica. Por lo cual no conoce la enorme fuerza del modelado. ¿Por qué existen tradiciones políticas que siempre ganan en un determinado lugar? ¿Por qué el PSUV siempre gana en Venezuela, mientras en occidente nos alarmamos, y por qué siempre ganan partidos capitalistas en Europa, para desconcierto de muchos latinoamericanos? ¿Por qué Andalucía es un “feudo del PSOE” y Castilla-La Mancha un “feudo del PP”? Porque nosotros hacemos lo que los otros hacen y no lo que dicen.

Comparación social.

Nuestras opiniones y creencias son correctas en la medida en que coinciden con las de los demás. La comparación social no es más que un mecanismo de retroalimentación de la sociedad. Esto permite que la idea mayoritaria sea siempre la idea mayoritaria. De esta forma, encontramos que nuestras actitudes se crean, además de por aprendizaje social (como ocurre con el condicionamiento o el modelado), por comparación social. Ya no estamos hablando de un mecanismo inconsciente -subliminal- de adquisición de actitudes, sino que se trata de un ejercicio más o menos deliberado de compararnos con el resto y decidir si nuestros planteamientos son correctos o no dependiendo de lo que los demás opinen de estos. De hecho, como el Síndrome de Solomon, tendemos a tener las mismas opiniones que los demás.

Sacrificamos el “sentido propio” en favor de un “sentido común” que suele coincidir con el de la mayoría y, en extensión, con el del poder. En este sentido, vale la pena recuperar mi primera entrada en este blog acerca de las estrategias de persuasión, para tener en cuenta cuándo será la comparación social más determinante a la hora de crear actitudes. Así, comprobamos no es lo mismo escuchar en una opinión discrepante a un individuo de la misma ideología que a alguien con quien solamos discrepar, o cómo la televisión, gracias a la autoridad intelectual que muchos le otorgan, es una verdadera máquina de generar actitudes.

Para finalizar sobre las opiniones…

Mediante esta entrada, mi fin no es tratar de evitar que conceptos como el de Cuba, Venezuela o Corea del Norte estén relacionados, para algunas personas, con sentimientos negativos, ni mucho menos, al igual que no me han patrocinado Ford u Honda para anteponerlos a Chevrolet o Toyota. Sin embargo, sí que es un intento de mantenernos prevenidos a los intentos de inoculación de actitudes. Es un intento de que, al escuchar información con un cariz propagandístico pensemos: ¿Hay aquí alguien con interés de pensar por mí?

“Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido”. Malcom X