En otro artículo sobre la psicología educativa prendimos cómo debemos representarnos la enseñanza. Concretamente, la que se imparte en los centros escolares. En este, aprenderemos cómo manejar el hecho de tener un genio en clase.

A modo de recordatorio diremos que la “noción de triángulo interactivo” nos permitió desmentir las acusaciones que señalan al alumno como único responsable de sus fracasos. También comprender que no se puede eximir de responsabilidad a la figura del docente. E incluso , la importancia de los los contenidos. Los contenidos en los que se tienen que formar los estudiantes han de favorecer el desarrollo integral de la persona superdotada y su socialización.

Llegado este punto y habiendo dibujado un escenario educativo mucho más plural e interactivo. Cabe explicar qué función desempeña cada actor en la particular obra que cada día se  interpreta en nuestras aulas.  Hoy, conoceremos un poquito más a nuestros queridos estudiantes.

La pregunta que debemos plantearnos es la siguiente:

¿Qué factores debemos tener en cuenta cuando pretendemos explicar los resultados del alumno en términos de aprendizaje?

Para dar respuesta a la cuestión conozcamos a Will Hunting.

genio
Will Hunting de la película El Indomable Will Hunting de Gus Van Sant

Will es un joven del sur de Boston con un cociente intelectual  muy superior a la media. Podría desempeñar cualquier trabajo cualificado si su historia personal no le hubiera llevado a abandonar los estudios para acabar dedicándose a fregar los pasillos del reconocido instituto de tecnología de Massachusetts. Will tiene lo que podríamos llamar “capacidad”, es un genio. Pero  sobre su espalda recae un pasado de abusos que ha minado la confianza en sí mismo y socavado su autoconcepto.  Sus expectativas de fracaso no le permitieron sacar provecho de su escolarización. Y, ahora los días se le escapan entre risas y cervezas en los barrios marginales de su ciudad.

Si alguien quiere conocer mejor a este joven puede recurrir a la mítica película el Indomable Will Hunting; para nosotros estas pinceladas son suficientes.

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¿Es importante el punto de vista del alumno?

Hoy se sabe que las dimensiones que es necesario tener en cuenta desde la perspectiva del alumno para explicar su aprendizaje pueden resumirse en dos grandes ámbitos: los factores cognitivos y los factores emocionales y relacionales.  Dado que los primeros son los más típicamente señalados y de los que Will “no tendría por qué quejarse”. Diremos  únicamente que el aprendizaje consiste  en la reorganización de los esquemas de conocimiento en una estructura que los haga más potentes y explicativos. Siendo así, la manera en la que cada alumno aprende. El tipo de procesos de codificación  y reorganización de la información que realiza. Ello sumando al nivel de regulación que de estos procesos tiene el alumno. Son factores básicos para comprender el rendimiento escolar (Marchesi y Martín, 2000).

Ahora bien, Will podría excusarse diciendo que en el aprendizaje no solo intervienen procesos cognitivos. Nosotros no podríamos más que darle la razón. El autoconcepto de los alumnos, sus expectativas ante el aprendizaje y hacia sus profesores, y el tipo de atribución que realizan ante el éxito o el fracaso escolar son variables igualmente influyentes y tratadas desde la concepción constructivista  como “el sentido del aprendizaje”.

Por lo tanto, la concepción constructivista del aprendizaje podría dar una explicación al fracaso académico de Will, dado que considera los factores relacionales y motivacionales tan nucleares como los cognitivos cuando se trata de aprender.

¿Qué nos dice el constructivismo sobre cómo ayudar a un genio?

Desde el constructivismo podríamos decir que el joven Hunting  no consideró su potencial y abandonó sus estudios  por la falta de sentido de los mismos. Probablemente los profesores que acompañaron la trayectoria académica de Will sobreatendieron  la dimensión cognitiva de sus estudiantes  y obviaron la dimensión afectiva del sujeto humano. Probablemente esos docentes no compartían la visión de que aprender es más que construir significados y, probablemente, no entendieron que los alumnos son capaces de construir significados en la medida en que puedan  dar sentido a los aprendizajes; es decir, comprender y compartir las metas de las tareas planteadas en el aula. También, sentirse capaz de abordarlas con expectativas de éxito. Por último, vivir el acto de conocer como un esfuerzo gratificante.

Quizás detrás de muchos de los suspensos en nuestras escuelas se encuentren alumnos sin ningún tipo de dificultad a la hora de adquirir los conocimientos. Tal vez estamos tratando con muchos chicos y chicas que al igual que Will no consiguen realzar su autoconcepto académico porque tienen escasas expectativas sobre el éxito en este terreno y por ende no se implican satisfactoriamente en la labor de aprender. Es fácil que nos encontremos con alumnos con patrones atribucionales muy perjudiciales; con un genio como Hunting  que abandonan el sistema después de repetirse una y otra vez “suspendo porque soy inepto, siempre lo seré y no puedo hacer nada para cambiarlo”.

¿Y que debieron hacer los profesores de Will? ¿Qué deben hacer los docentes que se enfrenten con el gran reto de devolver el sentido a la tarea de aprender?

Como hemos dicho, los patrones atribucionales de los alumnos en el ámbito educativo se van construyendo a través de la interpretación que dan a su conducta, pero muy especialmente a través de la que reciben  de las figuras docentes.  Los juicios de valor que se realizan sobre el estudiante y el tipo de situaciones que se utilizan para evaluar constituyen la información que más repercute sobre las atribuciones de los alumnos. Lo mismo ocurre con las expectativas. El fenómeno de la profecía autocumplida (Rosenthal y Jakobson, 1968) es en la mayoría de las ocasiones invisible. Pero puede acabar derivando en que el aparente alumno que a priori carece de los rasgos del estudiante “ideal” no sea competente a ojos del docente. Y, efectivamente, no lo será porque no hay mayor condena que creerse un condenado sin ni siquiera probar suerte.

Por lo tanto, es muy importante que los docentes vean a sus alumnos como personas capaces o genio. Y, que así lo transmitan. Ello fortalecerá el autoconcepto de los chicos. Los cuales empezarán a percibirse como buenos estudiantes al atreverse a aprender. Además, teniendo de hecho experiencias de éxito. La autoestima, por extensión, se verá reforzada. Esto se deba a que los buenos resultados empezarán a atribuirse a causas internas, controlables  y estables. Y, por último, las expectativas que los estudiantes tengan acerca de si mismos les permitirán progresar al verse realzadas y ser coincidentes con las de los profesores.

Luego todo docente debe saber que cuidar estos factores motivacionales y afectivos. Ello implica potenciar el sentido del aprendizaje. Y, por ende, evitar que un genio como el Indomable Will Hunting estén a la sombra de su verdadero talento.