En las últimas semanas hemos asistido a la polémica suscitada por la diputada Irene Montero al utilizar la palabra “portavoza” en una rueda de prensa. Es cierto que se trata de una palabra gramaticalmente incorrecta, puesto que la palabra “portavoz” engloba ambos géneros. Sin embargo, la controversia ha contribuido a volver a poner en el punto de mira la necesidad de utilizar un lenguaje no sexista en nuestra vida cotidiana.

En este artículo vamos a repasar aquellos motivos por los cuales es vital emplear un lenguaje no sexista para combatir el machismo y las desigualdades imperantes. Asimismo, aportaremos algunas claves sencillas para poder adoptar este lenguaje de forma adecuada, sin caer en errores gramaticales u ortográficos.

La Importancia del lenguaje no sexista

Actualmente, tanto instituciones públicas como privadas han comenzado a promover el uso de un vocabulario libre de connotaciones sexistas. A pesar de ello, el lenguaje cotidiano sigue caracterizándose por el sexismo. Muchas personas no parecen darle importancia al cambio, considerándolo inútil para la consecución de la igualdad. Sin embargo, cómo hablamos importa, y mucho.

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Pensamiento y lenguaje son dos fenómenos que se desarrollan de forma bidireccional, en continua influencia entre ellos. Al mismo tiempo que el pensamiento emplea el lenguaje como forma de expresión y de creación, el lenguaje ayuda a que se refuercen y perpetúen determinadas formas de pensamiento. Así pues, si los mensajes lingüísticos que recibimos están impregnados de discriminación sexista, contribuirán a generar una forma de pensar discriminatoria.

lenguaje no sexista
A través de los cambios en lenguaje, fomentamos el desarrollo de patrones de pensamiento más igualitarios

De esta forma, si cambiamos el lenguaje empleado, lanzando mensajes no sexistas, estaremos facilitando el desarrollo de formas de pensamiento más igualitarias que contribuyan a construir una sociedad no discriminatoria.

Lenguaje y sexismo

En realidad, si analizamos con detenimiento la lengua española, observamos que no es sexista por sí misma. Sin embargo, muchas veces sí lo es el uso que se hace de ella. Un ejemplo podría ser el de las denominadas duales gramáticas. Éstas son palabras cuyo significado varía en función del género. Unas de las más conocidas es zorro/zorra, que en su género femenino contiene una carga despreciativa.

Otro aspecto del lenguaje en el que a menudo se puede concurrir en sexismo es en el uso del género gramatical. En la lengua española, el género masculino no solo se emplea para referirse a individuos de sexo masculino. También se utiliza para designar al conjunto. Y, en su forma plural, incluye en su designación a seres de uno y otro sexo. Es cierto que normalmente se utiliza el masculino genérico por una cuestión de economía del lenguaje. El problema aparece cuando este genérico crea ambigüedad u oculta la figura de las mujeres.

Claves para un uso no sexista del lenguaje                      

Hay muchas alternativas al uso del masculino genérico, que siempre hay que adecuar al contexto. A continuación os presentamos algunas de ellas:

  • Sustantivos abstractos: son aquellos que denominan cualidades, sentimientos, emociones o instituciones. Ejemplos serían presidencia, adolescencia, autoría…
  • Sustantivos colectivos: en su forma plural, estos sustantivos aluden a un grupo de personas, con independencia de su sexo. Por ejemplo: juventud, equipo, alumnado…
  • Sustantivos epicenos: éstos señalan a seres de uno u otro sexo, independientemente de su género gramatical. Algunos ejemplos podrían ser persona, víctima, personaje…
  • Desdoblamientos: es probablemente la más conocida. Consiste en escribir ambos géneros gramaticales (tal y como intentó la diputada citada al principio de este artículo). Sin embargo, esta opción puede resultar muy repetitiva. Por eso, solo se recomienda emplearla como señal de cortesía o cuando se desee recalcar por algún motivo especifico la figura de la mujer.

Más claves para fomentar el lenguaje no sexista

  • Palabras no marcadas: son aquellas que no tienen género, como por ejemplo cónyuge, logopeda, periodista, estudiante…
  • Estructuras gramaticales con “se”: creando estructuras gramaticales con “se” es posible evitar algunas expresiones en masculino genérico. Véase el siguiente ejemplo: en lugar de decir “el ciudadano solicitará la inscripción” podríamos emplear “se solicitará la inscripción”.
  • Barras: pueden ser un recurso para realizar impresos esquemáticos o encabezamientos de cartas y correos electrónicos.
lenguaje no sexista
Algunas claves para evitar el genérico masculino son el uso de sustantivos colectivos, epicenos y abstractos.

Pensamos como hablamos

Lo decíamos antes: pensamos como hablamos. Y también hablamos como pensamos. Por eso, si realmente queremos una sociedad igualitaria, sin discriminación ni violencia hacia la mujer, es necesario hacer un uso responsable del lenguaje. Un lenguaje que sea inclusivo, que no menosprecie ni ignore a un colectivo que representa a la mitad de la población. Un lenguaje que logre que las nuevas generaciones tengan patrones de pensamiento diferentes. Más igualitarios.