¿Es cierto que las discusiones son sanas?

Cada uno de nosotros hemos crecido y hemos desarrollado nuestra personalidad y nuestras creencias. A partir de nuestra educación, nuestros padres, vida social y nuestras propias experiencias en la vida. Por ello, muchas veces no coincidimos con otras personas en lo que esta bien o lo que esta mal. Para ti una cosa puede ser buena y para otra persona estar totalmente mal. Eso no significa que alguno de los dos tenga razón y el otro no. Simplemente son dos maneras de pensar diferente, dos creencias distintas. Las discusiones son sanas. Parece, por tanto, que las discusiones son sanas.

El post no ha acabado, pero quizás te interese:

Cuando discutimos solemos culpar a la otra persona

 Debido a esta diferencia de creencias, cuando discutimos o estamos en desacuerdo con alguien solemos culpar a la otra persona:
– Lo que nos dijo, como nlas discusiones son sanas apego adultoos lo dijo,
-¨Que se creerá para decirme eso¨,
-¨¿Pero que le pasa?¨
-¨Lo que ha hecho no me parece normal¨  ; etc
Lo curioso es que rara vez nos enfocamos en nosotros mismos. Es muy diferente decir a la otra persona,¨¡Lo que has hecho no me parece bien, esta mal!¨ que, ¨Esto que has hecho me hace sentir triste.¨ 
En la primera expresión le estamos juzgando, enjuiciando de bueno o malo. Esto provoca que la otra persona tome una actitud a la defensiva y poco receptiva con nosotros. A nadie le gusta que le juzguen.  Sin embargo, el hecho de que nos sintamos mal, no significa que la otra persona está obrando mal o ha hecho algo mal. Simplemente significa que nosotros nos sentimos de cierta manera a consecuencia de un acontecimiento, y eso es lo que debemos observar. Aquí podemos observar por qué las discusiones son sanas.

¿Qué está pasando dentro de mí?

 Como conclusión se podría decir, que en una discusión, más que juzgar a la otra persona, debemos observarnos a nosotros mismos, y preguntarnos: ¿qué está pasando dentro de mí para que me enfade tanto lo que me está diciendo esta persona?. Este sería un modo de comprender que las discusiones son sanas. Es decir, comprender lo que nos está sucediendo dentro. También, entender de dónde viene dicha emoción. Y, una vez que entendamos y observemos nuestra emoción, podemos establecer nuestros límites con la otra persona. Después, podremos explicarle, que eso que nos ha dicho nos ha hecho sentir mal por los motivos que sea. Pero antes, debemos soltar toda la negatividad que podamos tener dentro. Ninguna acción realizada desde la negatividad puede tener resultados positivos.
Debemos tomar la responsabilidad de nuestras emociones y de lo que sentimos en diferentes ocasiones, en vez de culpar o juzgar a los demás por ello. Este simple hecho puede cambiar mucho nuestras relaciones con los demás. O, incluso dar un giro importante en una discusión o malentendido con alguien.
Recuerda, no seamos víctimas, ¡seamos protagonistas!

Deja un comentario