Antes de comenzar a tratar el tema de los Mitos y verdades sobre el suicidio, me gustaría responder a una duda que asaltó a algunos lectores la semana pasada.

Como sabéis, difundimos el número del Teléfono de la Esperanza (902 50 00 02) y muchos de nosotros, yo la primera, nos sorprendimos de que un 902 fuera gratuito. No obstante, la propia asociación lo marca así en su página  y así lo difundimos nosotros. Sin embargo, ante la duda, añadir que en otro enlace de esta misma web aparecen varios teléfonos dependiendo de la comunidad autónoma de la que proceda la llamada, eliminando, en todos los casos, la alternativa 902.

Por supuesto, no puedo más que dar las gracias a todos los que leyeron y difundieron el artículo de la semana pasada y me/nos expusieron sus dudas y comentarios. Es la única forma de crecer y mejorar.

Hoy, como bien anuncia el título de la entrada, expondremos algunos mitos y verdades sobre el suicidio. Algunos son muy conocidos y  otros escapan a nuestra forma de entender el mundo. Por lo general, la mayoría o todos ellos aparecen en la web sin tener que realizar una búsqueda exhaustiva. Por ejemplo, los muestra el Plan de Prevención del suicidio que reseñamos la semana pasada.

Mitos y verdades sobre el suicidio

Quien habla del suicidio no lo llevará a cabo.

Falso: 8 de cada 10 personas advierte claramente de sus intenciones antes de acabar con su vida. Cabe destacar que la persona puede encontrarse en un estado de ambivalencia. Es decir, dudando entre seguir viviendo o acabar con todo. Y, puede comunicar sus ideas a su entorno como forma de pedir ayuda o comenzar la despedida.

El suicidio se produce sin previo aviso.

Verdad, con matices. Un buen número de suicidas acude las semanas previas a su muerte a un servicio de Salud Mental. Incluso, dejan gran cantidad de indicios y advertencias sobre sus intenciones. Por supuesto, algunas personas acaban con su vida sin ningún aviso previo.

No todos son mitos y realidades sobre el suicidio, hay hechos matizables

La gente que se suicida está destinada a morir.

Falso: retomamos, de nuevo, la posición ambivalente del primer mito. Algunas personas pueden intentar dejar su “salvación” en manos de otros.

Las personas que amenazan con suicidarse lo hacen para llamar la atención/manipular a otros.

Matizable y polémico: si bien el objetivo de una persona para acabar con su vida puede ser la llamada de atención o manipulación, esto no quita peligrosidad frente al intento de suicidio que no lo persiga. Si se trata de una llamada de atención, es positivo escucharla para ofrecer la ayuda pertinente. Pero, no por ello adoptar el rol de “único salvador” de esa persona o el de total culpabilidad porque llegue a quitarse finalmente la vida. Tampoco es mandatorio ceder al intento de manipulación para que la otra persona no intente atentar contra su vida. Por ejemplo, si la amenaza de suicidio se produce cuando acaba una relación sentimental. Lo fundamental es ofrecer la ayuda oportuna. Esto lo abordaremos en próximos artículos.

Si una persona realiza intentos con medios de baja intensidad, no considera realmente suicidarse.

Falso: por extraño que pueda parecer, el posible suicida puede estar poco informado sobre los métodos adecuados para acabar con su vida o, de nuevo, puede encontrarse en una posición ambivalente.

El post no ha acabado, pero quizás te interese:

Más mitos y realidades sobre el suicidio

El motivo de suicidio se puede establecer fácilmente.

Falso: normalmente es muy difícil entender por qué una persona decide acabar con su vida. Si nada de lo que ocurre en nuestra vida cotidiana está causado por un único motivo. No es de extrañar que suceda lo mismo con la causa de la muerte.

Una persona que se quiere suicidar, querrá hacerlo siempre.

Matizable: el estado de crisis suicida, normalmente, dura un período de tiempo. Sin embargo, la persona puede sufrir crisis recurrentes, por lo que el trabajo de prevención es fundamental.

Los suicidios se dan más frecuentemente en un nivel socioeconómico concreto.

Falso: está proporcionalmente representado en todos los estratos sociales.

El suicidio es heredable, viene de familia.

Falso: el suicidio es un patrón y una decisión individual. Las ideas suicidas no se heredan, aunque haya antecedentes de suicidio en las familias. En todo caso, lo heredable es la vulnerabilidad genética a trastornos depresivos. Sin embargo, no todo suicida está deprimido ni tiene patología, ni toda persona suicida termina suicidándose (aunque el trastorno mental con mayor riesgo de suicidio es el Bipolar). Tampoco heredar la vulnerabilidad genética a un trastorno mental significa padecerlo irremediablemente en un futuro.

La mejoría después de la crisis suicida significa que el riesgo de suicidio se ha superado.

Falso: muchos suicidas terminan matándose 3 meses después de su aparente mejoría. Algunos pasan por un periodo de “recuperación espontánea” tras la crisis que puede coincidir con la resolución del problema (o problemas) que les aqueja. Si este no es el caso, hay que prestar atención, ya que puede ser señal de que el individuo tiene un plan concreto para acabar con su vida y está recabando la energía suficiente para ello.

Los últimos mitos y realidades sobre el suicidio

El suicidio está influido por las estaciones del año. O, por las condiciones climatológicas o los días de la semana.

Falso pese al fenómeno de la depresión estacional o los datos sobre la depresión en países del norte. De ser cierta esta relación con la climatología no se podrían explicar las altas tasas de suicidio en China, Hungría o Australia. Por lo tanto, nos remitimos al hecho de que es un patrón

Pensar en el suicidio es raro.

Falso: la idea del suicidio está presente entre un 40% y 80% de la población (en estudios realizados con muestras no clínicas; es decir, “sanas”). Es necesario fijarse en la frecuencia e intensidad de estas ideas suicidas.

Preguntar a una persona sobre sus ideas de suicidio, especialmente si está deprimida, puede llevarla a querer intentarlo.

Falso: especialmente para los terapeutas. Preguntar es conceder tácitamente un permiso a esa persona para que hable y descargue. Muchas personas se sienten más aliviadas al poder expresar sus ideas sobre el suicidio. De hecho, un factor de riesgo para posibles suicidas es el tabú que hay en torno al suicidio. Mucha gente de sus círculos puede temer hablar de la muerte, lo que puede hacerles sentir aislados y estigmatizados al no verse capaces de compartir sus pensamientos.

¿Cómo ayudar a conocer más sobre mitos y realidades sobre el suicidio?

Si estás interesado/a en investigar, realizar una labor informativa sobre el suicidio o colaborar en labores de prevención e intervención, puedes ponerte en contacto con la Red AIPIS (Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio)

  • Información parcialmente sacada de: CEDE (2014): Manual de Psicología Clínica (Vol. 1). Cede. Madrid.