Han pasado ya algo más de dos meses pero… ¿recuerdan cómo se sintieron durante el último mundial de fútbol? ¡Qué gloriosos días aquellos! Quedar para ir a ver el partido en el bar de la esquina, juntarse con amigos que ni siquiera siguen la liga, no apartar los ojos de  la pantalla durante aquellos sagrados noventa minutos, celebrar un gol abrazándose con el desconocido más cercano… Que sensación aquella, ¿verdad? La de abrazarse con un desconocido, digo. En psicología, esta sensación se enmarca bajo el concepto de “pertenencia grupal”.
¿Y qué me dicen de ese odio tan intenso que nos provocaba el adversario? Daba igual si su bandera lo situaba en Portugal, Irán O Rusia. Usted, habituado a costumbres tranquilas y a planes que acaban antes de las doce, es posible que se sorprendiera a sí mismo al verse gritando a la pantalla por la injusticia de una falta no pitada. Esto se conoce como conflicto intergrupal. ¿Cómo se explica desde la Psicología este doble fenómeno exactamente?
El post no ha acabado, pero quizás te interese:

¿Cómo se manipula la pertenencia grupal modificando el contexto?

La Psicología Social estudia el efecto que determinadas situaciones sociales ejercen sobre la conducta del individuo. De este modo, se sabe que algunos factores contextuales favorecen la aparición de comportamientos que no se producirían en la ausencia de dichos factores. El aquí mencionado, en concreto, lleva conociéndose en la Psicología desde la década de los 50. La pertenencia grupal se explicó en uno de los primeros y más conocidos experimentos de la Psicología Social: the Robbers’ Cave.

pertenencia grupal
Imágenes del experimento sobre pertenencia grupal The Robbers’ Cave.
El célebre experimento se desarrolló en un campamento de verano en el Parque Natural homónimo del estado de Oklahoma (EE.UU.) por Muzafer y Carolyn Sherif. 
Ella también es autora del experimento, aunque no firmara el artículo original. En resumidas cuentas, los psicólogos manipularon las actividades del campamento. Lo hicieron de modo que los adolescentes eran divididos aleatoriamente en dos grupos. Después, debían competir entre sí por metas que sólo uno de los dos podría conseguir.
La agresividad entre los grupos que se alcanzó al cabo de pocos días fue tan alta que el experimento tuvo que finalizarse antes de lo programado. La conclusión fue clara: la existencia de una “meta competitiva” (sólo uno de los dos equipos puede ganar), genera un conflicto intergrupal que deriva en dos fuerzas contrapuestas: una que refuerza la cohesión intragrupal (abrazarse con el desconocido cuando tu equipo mete gol) y otra que alimenta el conflicto intergrupal (o el odio experimentado hacia rusos, iraníes y portugueses).

¿Qué consecuencias tiene este experimento sobre pertenencia grupal?

Las consecuencias de este experimento son muy interesantes. Implican que una determinada manipulación del contexto puede generar dinámicas que hagan que los individuos de una sociedad se detesten. Basta con generar un discurso que enfrente al destinatario del mismo (el “nosotros”) con un enemigo creado (el “ellos”) para reforzar la sensación de pertenencia grupal y aumentar el odio con el resto. Un odio “artificial”, producto de un contexto manipulado, es cierto, pero odio, al fin y al cabo. Porque no se confundan, el individuo lo experimentará tan real como cualquier otra emoción. Sin embargo, el origen del mismo se encuentre en la más artificial de las manipulaciones.
pertenencia grupal
La pertenencia grupal implica que se defienda al endogrupo mientras se genera conflicto con el exogrupo. Un ejemplo son las peleas entre equipos de fútbol.
La pregunta que el lector se estará formulando parece evidente: ¿a quién le interesaría generar una dinámica social que aumente el conflicto entre grupos? La respuesta es sencilla: a alguien a quien le interese aún más aumentar la cohesión dentro del mismo grupo. Esto es importante porque puede traducirse en ganancias deseables como, por ejemplo, una mayor vinculación de los votantes con un determinado partido o causa. ¿Le resulta familiar? Es posible: en política se hace continuamente. ¿Sabes cómo te manipulan los políticos? 
Son múltiples las ocasiones en las que líderes políticos basan sus campañas en la creación de un “enemigo común” para aumentar la vinculación de sus votantes:
Por ejemplo: los inmigrantes de Donald Trump, la “casta” de Pablo Iglesias, los independetistas catalanes del Gobierno Español, los españoles opresores del Govern de Catalunya… Todos ellos se basan en realidad en el mismo fenómeno psicológico. La existencia (o más bien “creación”) de un enemigo común aumenta la cohesión intragrupal. Esto se traduce en una mayor afinidad de los votantes por la causa o el partido defendido (con su consecuente mayor probabilidad de voto). El precio a pagar: se origina un conflicto social. Pero la importancia de este último parece despreciarse si las encuestas de las próximas elecciones resultan más favorables.
 

¿Es la pertenencia grupal una buena estrategia política?

Efectiva es, sin lugar a dudas. La gestión del conflicto catalán, alimentada por ambas partes por esta política del “nosotros vs. ellos”, ha conseguido que tanto los simpatizantes de la independencia como los nacionalistas españoles aumenten en fuerza y en número. Pero el precio a pagar ha sido un creciente malestar social que ha convertido en enemigos a los grupos enfrentados. Tanto si son idependentistas vs. no independentistas, casta vs. pueblo obrero o estadounidenses vs. inmigrantes.
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Los políticos manipulan la pertenencia grupal para ganar votos.
Quizás sea hora de que la Política se plantee el precio que está dispuesta a pagar para aumentar su número de votantes. Pero, hasta que ellos se decidan, la Psicología nos proporciona herramientas muy útiles para analizar las situaciones a las que nos encontramos. Así, la próxima vez que sienta un odio exacerbado contra el vecino, pueda quizás valorar la posibilidad de minimizarlo por considerarlo un producto artificial de una campaña política manipulativa.
Referencias sobre la pertenencia grupal
(1) Sherif, M. (1954). Experimental study of positive and negative intergroup attitudes between experimentally produced groups: robbers cave study.