¿Por qué no puedo dormir? Seguramente os hayáis hecho esta pregunta más de una vez. Los problemas del sueño son muy frecuentes. De hecho, son una de nuestras mayores preocupaciones en lo que a la salud se refiere.

Es importante recalcar que no poder conciliar el sueño o descansar mal de vez en cuando es totalmente normal, y no tiene por qué preocuparnos. Es decir, no estaríamos ante un caso de problemas del sueño. Sin embargo, si estas dificultades se mantienen en el tiempo y suponen una alteración en la vida diaria que provoca malestar. Se hace necesario consultar con un profesional.

En este artículo proporcionamos claves para conocer mejor los tipos de trastornos o problemas del sueño. De la misma manera sus características y las opciones de intervención al respecto.

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¿Por qué no podemos dormir? Clasificación de los problemas del sueño

Las disfunciones del sueño son clasificadas en función de su origen y de sus síntomas clínicos. A continuación presentamos una clasificación genérica de estas posibles disfunciones:

  • Trastornos primarios del sueño. Son aquellos que no están relacionados con ningún problema psicológico. Aquí distinguiríamos entre dos grandes grupos: disomnias y parasomnias.
  • Trastornos del sueño relacionados con otro problema psicológico. Son aquellos que se derivan de trastornos psicológicos previos como depresión, ansiedad, manía, esquizofrenia
  • Trastornos del sueño debidos a una enfermedad médica. Enfermedades que cursan con dolor o malestar físico (cáncer, reuma, fibromialgia…). Incluso, de carácter neurológico provocan frecuentemente alteraciones del sueño.
  • Trastornos del sueño inducidos por sustancias. Son aquellos que se producen como resultado del consumo. También, del abandono de ciertas sustancias, tales como drogas o fármacos.

    Ante dificultades continuadas del sueño que alteran la calidad de vida, hay que consultar a un profesional de la salud

Dado que el artículo se centra en los problemas del sueño, nos limitaremos a describir brevemente los trastornos primarios.

Disomnias

A pesar de lo extraño que pueda parecer el término, las disomnias no son más que trastornos primarios del sueño caracterizados por la presencia de alteraciones en la cantidad, calidad y horario del sueño.

Hay varios tipos de disomnias, pero nos detendremos en exponer las más comunes; insomnio, hipersomnia, narcolepsia y trastornos relacionados con la respiración y el ritmo circadiano.

  • El insomnio engloba dificultades a la hora de conciliar y/o mantener el sueño a lo largo de la noche, o tener la sensación de no haber descansado bien. Todo esto se traduce en sintomatología diurna. Algunos ejemplos serían fatiga, somnolencia, problemas de atención y memoria, alteraciones en el rendimiento e irritabilidad. Conviene recalcar que para considerar que una persona tiene insomnio las dificultades deben persistir al menos un mes, y las horas totales de sueño deben ser inferiores a 6.
  • La hipersomnia es el polo opuesto. Se produce un sueño nocturno prolongado (entre 8 y 12 horas, dependiendo de la persona), acompañado de somnolencia y episodios de sueño diurnos que suelen ser poco reparadores. Estos síntomas han de presentarse de forma habitual y prolongada en el tiempo para considerarse hipersomnia. Además, este fenómeno suele ir asociado a la presencia de cefaleas o infecciones víricas.
  • Las personas con narcolepsia sufren ataques de sueño repentinos e inevitables durante el día, mientras que por la noche su sueño se ve constantemente interrumpido. Este trastorno es altamente incapacitante debido a la incapacidad para controlar los episodios de sueño.
  • Trastornos relacionados con la respiración. El origen de estos trastornos se sitúa en algunas alteraciones en la ventilación producidas durante el sueño. Estas alteraciones hacen que el sueño de fragmente o se desestructure, provocando somnolencia diurna excesiva y fatiga. El más conocido es la apnea del sueño.
  • Trastornos relacionados con el ritmo circadiano. Tienen lugar cuando se produce una alteración del ciclo sueño-vigilia. El más común es el conocido como jet lag, que viene provocado por el cambio de husos horarios al viajar a otros países. Provoca desorientación, insomnio nocturno y somnolencia diurna, irritabilidad, fatiga y problemas gastrointestinales, entre otros.

Parasomnias

Por su parte, las parasomnias no son más que manifestaciones fisiológicas o conductuales extrañas que tienen lugar en asociación con el sueño. Destacaremos las más representativas:

  • Pesadillas. Todos hemos tenido pesadillas alguna vez. Las pesadillas son ensoñaciones de contenido desagradable e incluso terrorífico. Ocurren durante lo que se denomina fase de sueño REM, y nos ocasionan miedo intenso y despertar completo.
  • Terrores nocturnos. A veces se confunden con las pesadillas. Los terrores nocturnos son episodios continuados de despertar repentino con un grito de pánico durante las fases del sueño de ondas lentas. Va acompañado de manifestaciones fisiológicas de miedo intenso. Sin embargo, la persona despierta y no tiene recuerdo de lo ocurrido, se siente confundida y desorientada.
  • Sonambulismo. Viene definido por episodios repetidos de comportamientos motores ejecutados de forma automática durante el sueño de ondas lentas. Estos comportamientos pueden ser desde sentarse en la cama, levantarse y deambular, hasta vestirse, comer u otras actividades de la vida diaria. Durante estos episodios la persona no se muestra reactiva a los estímulos externos, y no suelen recordarlos a posteriori.
  • Bruxismo. Se caracteriza por contracciones forzadas en las mandíbulas y fricciones en la parte superior de los dientes, provocando que éstos rechinen. Este problema tiende a provocar cefaleas, dolor mandibular, somnolencia diurna e incluso desgaste dental.
  • Somniloquio. Consiste en hablar o emitir sonidos durante el sueño, desde sonidos ininteligibles hasta pequeños discursos. Dura unos pocos segundos y ocurre de forma esporádica. Es más frecuente en la infancia.

¿Qué podemos hacer para al respecto? Opciones de tratamiento

Como decíamos antes, si las dificultades en el sueño se producen de manera continuada y ocasionan un gran malestar, alterando la vida diaria, se hace necesario acudir a un profesional de la salud.

Será este profesional (psicólogo o psiquiatra) el que os recomiende el tratamiento que mejor funciona para vuestro caso concreto. Aun así, os ofrecemos unas pinceladas de las principales opciones de tratamiento que existen para las disfunciones del sueño.

  • Tratamiento farmacológico. Existen diversos medicamentos para tratar los problemas del sueño. No obstante, los más utilizados son las benzodiacepinas. Es imprescindible que si recurrís a esta opción lo hagáis bien asesorados y sigáis la prescripción médica. Estos fármacos pueden tener efectos secundarios y causar dependencia, por lo que hay que tener mucha precaución a la hora de tomarlos.
  • Tratamiento psicológico. Aquí se incluirían diversas terapias. Por un lado, las técnicas de relajación, que reducen la actividad fisiológica. Por otro lado, la psicoeducación en higiene del sueño, con pautas para controlar los estímulos que provocan dificultades y regular los horarios y condiciones ambientales del mismo.
  • Fitoterapia. La fitoterapia emplea las plantas para tratar patologías. En el caso del sueño, son numerosos los productos naturales disponibles. Por ejemplo, la valeriana, que es un tranquilizante e induce el sueño, o la pasiflora, que ayuda a mantenerlo.

Esperamos que estas claves os hayan resultado de utilidad. Dulces sueños.

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