“En mis tiempos, yo, como profesor, era una autoridad. No un segundo padre que manda callar y enseña a sus alumnos cómo comportarse”.

“En mis tiempos los estudiantes venían a aprender y no a hablar entre ellos”.

“En mis tiempos ni se me cuestionaba ni se juzgaban mis explicaciones en el aula”.

¿Cómo eran los profesores en otros tiempos?

Julián es un profesor de historia de primero de la ESO con treinta años de experiencia a sus espaldas. De un tiempo a esta parte viene pronunciando estas palabras en las reuniones de departamento y hasta en los descansos en la cafetería.  Se siente insatisfecho y no se encuentra en sintonía con los nuevos estudiantes. Ni siquiera con la plantilla de docentes que empieza a rejuvenecer el centro.

Julián necesita volver a sentirse reconocido. Reencontrar el sentido de su profesión y la ilusión que le hizo dedicarse a la enseñanza.  Pues bien, querido amigo y maestro de la tiza/ tablet o pizarra digital, aquí va toda una confesión. Espero que te haga volver a creer en tu importantísima función educadora:

Mi nombre es Ana. Tengo doce años y dentro de un mes empezaré el instituto. La verdad que estoy un poco asustada. Mi hermana mayor lleva tres años en él y no hay día que no llegue a casa quejándose de alguna asignatura o de algún profesor. Dice que no le encuentra ningún sentido a lo que estudia. Que aprende mucho más en el parque con sus amigos. No entiendo por qué está teniendo tan malas experiencias cuando en el colegio sacaba notables y sobresalientes. Era el ojito derecho de su tutor.  

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Diversificación

Creo que este año la quieren meter en Diversificación. No sé muy bien qué significa pero mis padres están preocupados. Piensan que la van a llevar a la clase de los tontos. Ella solo se preocupa de tener con quién salir. A veces la gente se mete con ella porque viste raro. Creo que eso le ha hecho sentirse muy sola en el instituto. Pero claro, como saca malas notas, siempre hay suspensos de los que hablar con el profesor en lugar de sentimientos y estados de ánimos…o eso dicen en mi casa.

Más ejemplos…

A mí me encanta el colegio. Me gusta mucho aprender cosas nuevas. Me divierto y los profesores me ponen a hacer los deberes y los trabajos con otros niños de clase.  Las asignaturas que más me gustan son lengua y ciencias de la salud. Mi hermana dice que no entiende cómo me pueden gustar cosas tan distintas. Pero yo encuentro mucha relación entre todas las materias porque siempre hacemos actividades conjuntas. Los profes se ayudan entre ellos y están  todo el rato diciendo cosas como  “trabajo interdisciplinar”, “ trabajo por proyectos”, “desarrollo de competencias”…

Además, cada vez que empezamos un tema nuevo me entra mucha curiosidad porque escuchamos una historia, nos ponen un vídeo o jugamos para que, según los profesores, nos ayude a entender los contenidos. Ellos hablan con palabras muy raras pero con nosotros siempre se portan bien. Lo explican fácil para que podamos entenderlo. ¡Ah! En el aula siempre suele haber dos profes para que todos podamos preguntar las dudas y para que nos vayan dando actividades de diferentes tipos. Nos hacen preguntas cada vez más difíciles si ven que somos capaces y queremos aprender más.

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Y sobre los tutores

 Mi tutora es como mi amiga mayor. En el colegio han intentado que esté con nosotros durante los seis años. Me conoce muy bien. Siempre sabe cuándo estoy triste y cuándo pongo cara de estar distraída. Además, se lleva genial con mis padres. Siempre se están mandando notitas a través de la agenda, llamándose por teléfono  o teniendo reuniones en el cole.

Y bueno, yo también visto algo raro porque suelo heredar la ropa de mi hermana  cuando se le queda pequeña. Al principio algunos niños se metían conmigo pero en seguida la tutora se dio cuenta. Hicimos una actividad en clase con la que aprendimos lo que es el respeto y  que no hay que juzgar a la gente por su aspecto. Desde entonces creo que somos todos mucho más amigos y no suelo ver a nadie hablando mal de un compañero.

Espero que el instituto no sea muy diferente al colegio. Espero que si me pasa lo mismo que a mi hermana y dejo de encontrarle sentido a aprender, haya algún profesor que sepa devolverme la ilusión.

Julián, Ana y su hermana  no existen. Sin embargo, sus historias están encarnadas en tantos estudiantes y en tantos docentes que podríamos estar hablando de realidades compartidas. Nos servimos de nombres tan solo para ejemplificar la  explicación tautológica  de:

“el profesor está desilusionado porque los estudiantes no aprenden y  los estudiantes están desilusionados porque los profesores no consiguen hacerles aprender”

¿Qué fue primero, el mal estudiante o el mal profesor?

La respuesta nos la da la teoría constructivista del aprendizaje.

La concepción constructivista entiende que el aprendizaje es un proceso que en los contextos escolares  tiene que ser analizado teniendo en cuenta los tres vértices de un  triángulo interactivo. Un triángulo conformado por la figura del alumno, del profesor y por el contenido que se pretende enseñar.

Elementos en interacción recíproca que conforman el proceso de enseñanza-aprendizaje
Elementos en interacción recíproca que conforman el proceso de enseñanza-aprendizaje

Teniendo en cuenta  esta representación, existiría una responsabilidad compartida entre el docente y el estudiante a la hora de construir el conocimiento. Lo cual debería hacer replantearse a un “Julián  de la enseñanza” las afirmaciones del comienzo.

Esta interdependencia entre docente y estudiante podría  comprenderse en  palabras de Coll (1996, p. 70) de la siguiente manera:

El constructivismo

 …la concepción constructivista nos demuestra que el aprendizaje escolar es el resultado de un proceso complejo de  intercambios funcionales  que se establecen entre los elementos:

Alumno Aprende y dispone de actividad mental constructiva. Mediador entre la enseñanza del profesor y los resultados del aprendizaje a los que llega
Contenido Es objeto de aprendizaje. Mediador entre la actividad que el profesor y alumnos desarrollan sobre ellos
Profesor Ayuda al alumno a construir significados y a atribuir sentido a lo que aprende. Mediador entre la actividad mental constructiva del alumno y los significados que vehiculan los contenidos escolares

 

No cabe duda de que debemos reivindicar el necesario papel del profesional de la enseñanza porque ofrece la ayuda que necesita el alumno para construir el conocimiento. Es decir, para  revisar, modificar y reorganizar sus esquemas previos acerca de los contenidos que se imparten en las aulas.  Por ello no debemos cuestionar la función del docente, sino la calidad de la ayuda que es capaz de ofrecer.

Luego…a todos los maestros del mundo… ¡Deben existir  y existirán profesores siempre y cuando exista la educación formal! Los estudiantes, pero amigos,  quizás los años de experiencia deban servir para  saber cuándo renovarse. ¡Entender que la alumnos-profesor-en-aula-572explicación del fracaso de los alumnos  no se reduce a la falta de capacidad o de motivación!

La metodología y la adecuación de la ayuda a la actividad mental del estudiante deben ser cuestiones siempre examinadas si no se quiere vivir en un estado continuo de insatisfacción. Bien por ser un Julián, bien por ser la hermana de una niña llamada Ana.

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