Por Pablo Picaporte Fuentes, estudiante de medicina

¿Por qué estudio medicina?

Esta es la pregunta que últimamente no para de dar vueltas en mi cabeza mientras realizo prácticas en el hospital. ¿Por qué estudio medicina? Supongo que la respuesta que podría resumirlo todo es: “porque quiero ayudar a los demás”. Porque nada más terminar bachillerato decidí, sin ser consciente de mi decisión. Iniciar un viaje de años y años (y años) dedicados al estudio del ser humano (en todas sus esferas). También de su enfermedad, sin saber entonces lo que ello conllevaba. ¿Y con qué fin? Siempre el mismo: ayudar. El principio fundamental que mueve a todas las personas pertenecientes a las ciencias de la salud. Desde la labor en la sombra de aquellos que trabajan encerrados en un laboratorio hasta la lucha a pie del cañón de la enfermería.

¿Y por qué me hago esta pregunta después de haber estudiado tanto, siendo por fin capaz de divisar a lo lejos el fin de mi etapa universitaria? Sencillo. La vida real. Hasta el momento todo se ha reducido al papel. Se estudian cosas inútiles que se olvidan nada más salir por la puerta del aula donde se realizó el examen a cambio de dejar de enseñar otras más rentables y con más riqueza para la formación de un futuro profesional (esperemos que sí) sanitario. La universidad no es más que la prolongación del instituto, así como este es la prolongación del colegio, dejando por los suelos las expectativas de muchos.

¿Qué ocurre con la universidad?

La universidad, tal y cómo fue concebida, debería de ser el lugar de formación tanto en conocimiento como en valores y en cultura. Actualmente, a mi modo de ver, se ha dejado de lado esa formación humanística que llena la boca a muchos profesores en algunos de sus discursos.

La universidad, tal y cómo fue concebida, debería de ser el lugar de formación tanto en conocimiento como en valores y en cultura

Yo no quiero ser un libro andante, que ha absorbido conocimientos como una esponja y que los voy a ir vomitando poco a poco a lo largo de mi vida según los vaya necesitando. Necesito inquietudes, toda persona las necesita. Y, necesito esos valores que ya no se enseñan y que, por fortuna, no se pueden aprender por Internet.

El único valor que podría decirse que se fomenta es la competitividad. Bien por los distintos sistemas de evaluación de las asignaturas o por lograr mantener una beca. O, incluso simplemente porque se piensa que el mejor es aquel que tiene la nota más alta. Y no es que la competitividad sea mala, al contrario, un poco siempre es bueno y es estupendo para conseguir en algunos casos la motivación necesaria para superarnos a nosotros mismos. Ojo, para superarnos a nosotros mismos. No para intentar aplastar a los demás, pues dentro de muy poco todos seremos compañeros. ¿Y es en ese momento cuando nos acordaremos del compañerismo?

estudiante de medicina y psicología
En medicina sólo se diagnostica lo que se sabe

¡Ya era hora!

  Pues bien, es justamente en esta profesión aquella en la que menos deberían valer los números. Todo médico debe estudiar por espíritu propio. Parafraseando a un buen profesor mío, en medicina sólo se diagnostica lo que se sabe. Y si no se sabe, el médico tiene que ser consciente que ha fracasado en su empresa. Por ese motivo, todo buen médico ha sacrificado miles (y digo miles sin temor a quedarme corto) de horas delante de los libros. Inmerso en lecturas más o menos soporíferas dependiendo de sus gustos. Pero que sabe que las necesita para ejercer correctamente. Pues, el arma del médico es su conocimiento. Insisto en que la vida de un médico es una vida dedicada al estudio.

Pero no es suficiente sólo con estudiar e investigar nuevas técnicas quirúrgicas y etcétera etcétera. Se necesita más. Pobre de aquel que se conforme sólo con lo que encuentre en los libros. El médico trata con pacientes. Tiene que aprender a escucharlos, intentar entenderlos, ponerse en su lugar, llegar a empatizar con ellos y, si es posible, darles una solución a su problema (porque no olvidemos que la medicina no es una ciencia exacta y aún queda mucho por aprender). Porque la razón de ser del médico (y del resto de los sanitarios) es el enfermo. Una persona que grita pidiendo ayuda con todas sus fuerzas y busca a alguien capaz de dársela.

¿Y después de la universidad?

estudiante de psicología
Insisto en que la vida de un médico es una vida dedicada al estudio.

Y como he dicho antes, llega un momento en el que todo aprendiz de medicina se da de bruces con la vida real. Viene de los libros, de la irónica falta de enseñanza de valores. También de la inocencia e ideales de su juventud. Entonces llega al hospital. Los pacientes pasan a ser números, habitaciones, pegatinas. No sé si alguna vez lo han visto, pero hay hospitales en los que ya no se llama a los pacientes por sus nombres, sino que se les asigna un número.

El hospital es peligroso para los que se sientan en la consulta a ver pasar gente contándoles sus dolencias. También para los que se dedican a realizar diversas pruebas diagnósticas de distinto. Todo ello intercambiando, con suerte, dos frases con el paciente. La propia rutina hace que no nos demos cuenta de la gravedad de algunas patologías o enfermedades. Y, mientras que nosotros los dejamos levemente en el olvido cuando los vemos marchar por la puerta. Esperamos a que entre el siguiente, ellos salen con su carga a la espalda. Va todo demasiado rápido. Pocas veces nos paramos a pensar en el duro golpe que puede suponer para una familia que uno de sus miembros haya sido diagnosticado de esta o aquella enfermedad.

En conclusión….

A lo que quiero llegar con esto es que el paciente es una persona como cualquiera de nosotros. Él también va a tener sus inquietudes, sus preocupaciones y sus miedos, sobre todo cuando acude a nosotros pidiéndonos consejo y ayuda con sus problemas y enfermedades. No se nos enseña a aprender de él. Tenemos que ser lo más comprensivos posible y no olvidar nunca que tratamos con seres humanos. O, que nosotros mismos en algún momento también podríamos vernos actuando en el papel del paciente.

También es cierto que tampoco podemos dejar nuestros sentimientos a flor de piel. Si ese fuera el caso en muchas ocasiones no llegaríamos ni hasta la mitad de la mañana cuerdos o sin una depresión profunda. Aunque es necesario lograr un punto intermedio, dejando de lado las notas, las carreras por ver quién llega primero y las comparaciones. No se trata de una competición. El trabajo en equipo nos puede permitir lograr cosas que ni soñaríamos si lo intentáramos solos.

Para finalizar

Porque al fin y al cabo, las enfermedades que se estudian en los libros llevan nombre y apellidos. Y, cada nombre y apellidos lleva una historia detrás. Y de la misma manera lo hace la muerte. También tiene nombres y apellidos. Porque el fin de la vida también existe. Y, aunque para algunos ese paciente haya sido solamente el inquilino de una habitación durante unos días.  Para otros ha sido su padre, su madre, su hijo, su hermano, su abuelo, su compañero, su mejor amigo o el amor de su vida.

Porque las enfermedades no son solo palabras impresas en un libro. Porque la muerte no es sólo una palabra que lees fugazmente en una página. Porque una persona es mucho más que un simple número.

(Nota aclaratoria: He hablado de la profesión de Medicina porque es la que yo vivo en primera persona, pero todo esto puede ser aplicado a otras profesiones sanitarias sin ningún problema)