¿Cuántas veces hemos criticado a nuestros abuelos o a alguna persona mayor de nuestro entorno por estar todo el rato contando batallitas del pasado? Lo más probable es que vuestra respuesta sea la misma que la mía: muchas. Y, en ninguna de ellas hemos tenido en cuenta la reminiscencia.

Existe un cierto mito con respecto al hecho de recordar eventos del pasado. Tiende a verse como algo nocivo, propio de la vejez. Incluso se percibe como algo sintomático de un posible deterioro cognitivo.

Lo cierto es que esto no se corresponde con la realidad. El proceso de reminiscencia es algo inherente al ser humano. Una actividad psíquica universal independiente de la edad, que no tiene por qué ser nociva. Más bien todo lo contrario. Veámoslo con más detenimiento.

¿Qué es la reminiscencia?

Según la RAE, la reminiscencia se define como:

Acción de representarse u ofrecerse a la memoria el recuerdo de algo que pasó.

Sin embargo, vayamos un poco más allá de esta definición. También podemos considerar que la reminiscencia es el proceso por el cual traer a la mente recuerdos mejora el aprendizaje y la integración pasado-presente. Este fenómeno otorga continuidad a los acontecimientos vitales.

Robert Butler fue pionero en subrayar la importancia de la reminiscencia y de la revisión de vida. Estableció que eran procesos psicológicos clave para la aceptación exitosa de las distintas etapas vitales. A través de la observación de que la reminiscencia era más frecuente en las personas mayores que en otros grupos etarios, hipotetizó que esto podía deberse a la proximidad de la muerte. Esta cercanía acentuaría la necesidad de otorgar un sentido a lo vivido. Posteriormente, Butler propuso la revisión de vida como una intervención terapéutica.

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Recursos y procedimiento a seguir para la terapia de reminiscencia y revisión de vida

  • Fotografías, personales o de momentos históricos relevantes
  • Música
  • Olores
  • Cajas de recuerdos. Pueden contener imágenes, objetos, escritos y demás pertenencias personales
  • Relatos
reminiscencia
Las fotografías son un recurso muy utilizado para la terapia de reminiscencia

El procedimiento es sencillo. En primer lugar, se le muestra a la persona alguno de estos materiales. A partir de ese momento, se le pide que comience a evocar todos los recuerdos posibles y que nos los vaya relatando.

Otra opción consiste en utilizar una serie de preguntas concretas sobre cada periodo vital para estimular el recuerdo. Esto formaría parte de la terapia de revisión de vida propuesta por Butler. En este formato, se establecen una serie de preguntas de cada etapa de la vida (infancia, adolescencia, juventud, madurez, vejez), empezando por la más antigua. Algunos ejemplos podrían ser: ¿cómo fue el día de tu primera comunión? ¿Recuerdas algún regalo de cumpleaños que fuera especial en tu infancia? ¿Cuál fue el primer viaje que hiciste? ¿Cómo fue el nacimiento de tus hijos?

Aplicaciones terapéuticas de la reminiscencia

A nivel terapéutico, la reminiscencia puede utilizarse en diversas problemáticas. Las que más apoyo empírico han recibido son las aplicaciones en:

No obstante, la terapia de reminiscencia y de revisión de vida ha demostrado mejorar el estado de ánimo per se. Por este motivo no es necesario que la persona con la que se trabaja presente un trastorno clínico. Podemos limitarnos a llevar a cabo la terapia para mejorar la calidad de vida, potenciando un estado de ánimo más positivo.

Otro aspecto destacable es que este tipo de terapia se puede poner en práctica tanto de forma individual como en formato grupal. Esto cobra especial importancia para el colectivo de personas afectadas por demencias. Es frecuente que estos pacientes acudan a centros de día o residencias especializadas, en las que el volumen de trabajo no permite abarcar intervenciones personalizadas. La opción de hacer reminiscencia en formato grupal permite extender las ventajas de la terapia a este tipo de recursos asistenciales.

Beneficios de la reminiscencia

Numerosas investigaciones han probado que la práctica de la reminiscencia es beneficiosa. Entre las ventajas que presenta, destacamos algunas a continuación:

  • Mejora la autoestima y reafirma la personalidad. Al rememorar los acontecimientos vitales importantes se destacan los logros y los buenos momentos. Esto refuerza la identidad y el sentimiento de autovalía.
  • Potencia la memoria episódica autobiográfica, ya que la narrativa de la propia biografía activa los circuitos neuronales responsables de este tipo de memoria.
  • Potencia la memoria semántica al hacer relatar a la persona oralmente y de forma precisa todos sus recuerdos personales.
  • Permite la resignificación. Es posible que, al repasar algunos acontecimientos, la persona, a la luz de su experiencia actual, les otorgue nuevos significados. También que los recoloque en su historia de vida de una forma menos dolorosa. Pongamos un ejemplo. Imaginemos un anciano que no tiene casi recuerdos de su padre porque cuando era pequeño se marchó a otro país a trabajar. Con la reminiscencia no va a convertir esa vivencia en algo bonito y positivo. Sin embargo, es probable que al haber experimentado él mismo la paternidad se ponga en el lugar de su padre y piense que él hubiera hecho lo mismo para mantener a sus hijos. Esto permitirá dar otra dimensión a esa vivencia: “fue una lástima crecer separado de mi padre, pero hizo lo necesario para que pudiéramos tener una buena infancia”.
  • Mejora el estado anímico al centrarse en evocar momentos positivos.
reminiscencia
La reminiscencia mejora el estado anímico gracias a la reminiscencia.

El poder curativo del recuerdo

En definitiva, recordar las batallitas de juventud no solo no es indicativo de un deterioro cognitivo, sino que aporta innumerables beneficios para las personas mayores.

Revisar los acontecimientos vitales fomenta la valoración global de lo vivido, dando nuevos significados a las experiencias. En la última etapa de la vida, este proceso es una buena manera de estar en calma con nuestros recuerdos y prepararse para la partida cuando llegue el momento.

Y es que, como dice Jorge Luis Borges:

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.