¿Por qué hablar hoy de resiliencia? Pues bien, durante las últimas semanas han sido noticia las pruebas presentadas por la defensa de los atacantes ante el juez que instruye el caso de la violación durante los San Fermines el verano pasado.

Una de estas pruebas consiste en la utilización de las redes sociales de la víctima que sufrió la violación. Con ellas, se pretende mostrar que la joven había “seguido con su vida”, realizando actos cotidianos como compartir fotos, celebrar su cumpleaños o salir de fiesta.

Al pretender mostrar la recuperación de las víctimas como símbolo de que no hubo crimen, se está olvidando que este proceso de recuperación recibe el nombre de resiliencia. Y que, además, es algo que todos los psicólogos tratamos de potenciar en las personas que nos confían sus dificultades.

En este artículo os mostramos en qué consiste la resiliencia, cómo podemos potenciarla y por qué no se debe culpabilizar a las personas por experimentar este proceso.

¿Qué es la resiliencia?

El mundo rompe a todos, y después, algunos son fuertes en los lugares rotos. Ernest Hemingway.

La resiliencia puede definirse como la capacidad que tiene una persona para afrontar y asumir con éxito las situaciones adversas que pueden presentarse en la vida. Dicho de otra manera, resiliencia es adaptarse bien a la adversidad o a las situaciones de trauma, amenaza o tensión a las que nos enfrentamos.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos una persona que ha sido diagnosticada de leucemia. Afrontar la enfermedad con optimismo, no caer en la desesperanza y decidir colaborar con la Asociación Española contra el Cáncer dando charlas para concienciar a la población sería resiliencia.

La resiliencia es la capacidad del ser humano para superar con éxito las adversidades

Por tanto, la resiliencia no es un atributo en sí. La resiliencia es un conjunto de conductas, actitudes y pensamientos que cualquier persona puede aprender y desarrollar.

Ser resiliente no implica que no se experimente dolor ni tristeza. Tampoco que no se tengan dificultades a la hora de afrontar las desdichas. Ser resiliente simplemente significa sobreponerse a ese sufrimiento.

¿Cómo potenciamos la resiliencia?

Sabemos que existen ciertas características personales que constituyen la base de la resiliencia. Potenciando estas particularidades, podremos potenciar este fenómeno:

  • Autoestima. Cuanto mejor valore la persona sus capacidades y fortalezas, mayor será su potencial resiliencia.
  • Introspección.
  • Independencia.Entendiendo aquí el concepto de independencia como la capacidad para mantener distancia emocional y física sin llegar a caer en el aislamiento.
  • Capacidad de relacionarse con otras personas.

    El pensamiento crítico, la autoestima o el sentido del humor con fundamentales para la resiliencia
  • Iniciativa a la hora de iniciar tareas.
  • Humor. Ser capaz de encontrar cierta comicidad en la tragedia permite alejar transitoriamente los sentimientos negativos. Es decir: el sentido del humor nos ayuda a soportar las situaciones adversas.
  • Creatividad.
  • Moralidad. Hacemos referencia al compromiso de la persona con sus valores.
  • Pensamiento crítico. Un pensamiento crítico permite analizar objetivamente el trauma, fomentando que se procese adecuadamente.

En conclusión…

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.”

Viktor Frankl

A menudo, la sociedad no reacciona bien ante las personas resilientes. Se espera que la persona que ha sufrido una desgracia, como la violación a la que hacíamos referencia al inicio de este artículo, ha de estar hundida durante un periodo de tiempo determinado. Se las critica porque si están así tan mal no lo habrán pasado”. ¿Os suena esta frase, verdad?

Esto es lo que ha ocurrido con el caso de la violación en Pamplona. Se está intentando quitar importancia al abuso sufrido por la víctima, simplemente porque ha seguido con su vida. Sin embargo, las evidencias presentadas ante el juez solo ponen de manifiesto su resiliencia. Es decir, su capacidad de sobreponerse al horror vivido. Y esto debería ser admirado, no criticado.

Porque cuando acusamos a las víctimas, estamos desculpabilizando a sus agresores. Dejamos de poner el foco en la capacidad de superación de la persona que ha sufrido, culpabilizándola por tratar de salir adelante. Y ese intento siempre debería ser reforzado, no castigado.

Deja un comentario