Si has ido a un casino alguna vez seguro que has sentido una frustración horrible cuando después de tanto apostar no ganas ni una sola vez. Entonces, ¿por qué seguimos apostando?Para contestar a esta pregunta primero tenemos que hablar sobre dos estrategias mentales: sesgos cognitivo y heurísticos.

Cada día nos enfrentamos a grandes cantidades de información que nos ayudan a adaptarnos mejor a nuestro entorno. Pero, ¿somos conscientes de toda la información del entorno? De toda no. Por ejemplo, imagínate un martes por la mañana en el que tienes que prepararte para ir a la uni. Te levantas, desayunas, te arreglas, sales de casa, coges el transporte público y llegas a clase. ¿Crees que eres consciente de todos los estímulos que te rodean durante todo el proceso? La verdad es que no. No te culpo, yo no soy consciente hasta que llego a clase prácticamente.

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¿Qué son entonces los sesgos cognitivos?

Las personas tenemos lo que se llama estrategias cognitivas. Esto también se conoce como sesgos. Nos ayudan a seleccionar aquella información necesaria del entorno y facilitan nuestra toma decisiones. Estas estrategias son sesgos cognitivos y heurísticos. No son racionales, es más, la mayoría de las veces nos llevan a error.

En el mundo del juego, los heurísticos y sesgos nos llevan a minimizar la percepción de probabilidad de perder (dinero). ¡Ojo! Esto no significa que nos ayuden sino que nos hacen pensar que podremos ganar en la siguiente tirada. En el caso de los adictos al juego, el efecto de estas estrategias mentales es tal que provocan una percepción de control sobre el juego, es decir, que estas personas llegan a imaginar que pueden superar el azar.

Vamos a hacer unas pruebas para ver cómo andan tus sesgos y heurísticos con algunos ejemplos

  • Imagina que estás jugando a la ruleta. Llevas varias partidas apostando al rojo pero en cada tirada sale siempre negro. Decides apostar una vez más. ¿A qué color apuestas?
  • sesgos
    La falacia del jugador es un ejemplo de tipo de sesgos.

    Imagina que juegas a la lotería. A la hora de comprar el boleto tienes para elegir entre el número 8956395 y el 000000 ¿Cual eliges?

Si en la primera prueba has contestado que apostarías al negro, estás dejándote llevar por lo que se denomina falacia del jugador. La mayoría de gente piensa que en el juego, después de una serie larga de rojos, el negro es el que debe salir a continuación. Como  si el azar fuera un autocorrector y se encargara de reestablecer el equilibro.

En la segunda prueba, pensar que el número 8956395 es más probable que el 0000000 es un error, puesto que las probabilidades son las mismas.

Sabiendo esto, ¿Por qué un jugador sigue jugando aunque esté perdiendo?

Esto jugadores se dejan llevar por la confianza en la suerte (“hoy voy a tener suerte”) y la ilusión de control (creer que puedes vencer al azar). Pero, si hay evidencia de que están perdiendo, ¿por qué siguen apostando? Pues bien, los jugadores evalúan los hechos de manera sesgada: cuando aciertan creen que es porque son muy habilidosos en el juego, pero cuando pierden culpan a la mala suerte.

Ahora que ya sabes un poco más sobre los sesgos que nos hacen desconfiar del azar, la próxima vez que tengas que apostar al rojo o al negro, no te lo pienses dos veces. La suerte del principiante no existe, todo se debe al azar.

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