Desde que comencé a entrar en contacto con la clínica, en ocasiones, he visto planteada la psicoterapia o terapia psicológica como:

1º. El terapeuta realiza una buena evaluación de un problema.

. El terapeuta realiza un buen diagnóstico.

3º. El terapeuta diseña un tratamiento concreto para ese problema.

4º. El terapeuta  aplicando el tratamiento de un modo adecuado aumenta las probabilidades de éxito.

¿Qué explica el éxito de la terapia psicológica?

Realmente hasta aquí todo correcto. Estos “pasos” o elementos están presentes dentro de un proceso terapéutico. Siempre con matices dentro de cada escuela psicológica. Sin embargo, la psicoterapia es mucho más que un terapeuta y sus técnicas. Según estudios recientes, la varianza del cambio en terapia se debe en un 87 % a factores relacionados con el cliente.  Quedando únicamente un 13% correspondiente a la contribución directa de la terapia psicológica. Es decir, el terapeuta entre 6 y 9 %, la alianza terapéutica entre 5 y 6% y el modelo/técnica 1%. (Wampold, 2001; Duncan, 2010 citados en Morejón, 2015).

Estos inquietantes datos (para nosotros como terapeutas) destacan la relevancia del cliente dentro del proceso terapéutico. Siendo clave su implicación y colaboración dentro del mismo. Precisamente, y debido a este énfasis en la colaboración, se prefiere el término cliente al de paciente. Paciente implica un papel pasivo ante el tratamiento “suministrado” por el profesional (concordando más con el modelo médico). Esta concepción pasiva no parece ajustarse mucho a lo que se propone por tratamiento psicológico. En este modelo el cliente y  terapeuta trabajan como un equipo en pos de unos objetivos.

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Trabajo del cliente y del terapeuta en la terapia psicológica

Esta colaboración que surge entre cliente y terapeuta se denomina alianza de trabajo. Esta alianza conviene diferenciarla de la relación terapéutica. La alianza de trabajo se construye sobre una buena relación terapéutica que implica empatía, aceptación, confianza y respeto. Sin embargo, que un cliente se sienta muy comprendido no implica que se vaya a producir un cambio. Para movilizar es necesario construir de manera conjunta con el cliente unos objetivos que definan el rumbo de la terapia. Dentro de esta construcción conjunta de metas, nuestro papel como profesionales parte de la comprensión, operativización y correcta formulación de los objetivos junto nuestro cliente. Estos objetivos se materializan en una serie de tareas  que el cliente “HACE”. Las tareas de la terapia psicológica deben hacerse dentro y fuera de consulta. Aproximando así, al cliente a la meta establecida.

Evidentemente cada persona que acuda a consulta tendrá una manera diferente de colaborar. Al igual que un grado de implicación particular, demandado posturas por parte del terapeuta específicas para cada caso. Como dice Larry E. Beutler: “it isn’t the size, but the fit”. Es decir, no importa tanto el tamaño del efecto de la técnica utilizada como su relevancia dentro del proceso terapéutico. Empleada siempre y cuando active recursos del propio cliente y potencie su implicación dentro del proceso de cambio. De este mismo modo se debe contemplar la actuación del terapeuta dentro del tratamiento, no fijándose tanto en si es un 13% , si no en su papel indispensable dentro del proceso terapéutico como catalizador del cambio. (Morejón, 2015)

¿Entonces qué sirve en la terapia psicológica?

Lejos de que esto signifique “el todo vale” a nivel teórico, os dejo el fragmento de donde extraje la idea del título. Quedáis invitados a la reflexión de si vuestro “estilo de escuela” os permite ajustaros a la medida de cada cliente. En caso de no ser así, en este artículo de análisis funcional se explica esta herramienta que facilita la elaboración de terapias de talla única.

 “La terapia psicológica, como los trajes, se hace a la medida del cliente. Si bien en ocasiones eso puede ser más o menos cierto, lo cierto es que la terapia, como los trajes, siempre la cortamos con un determinado estilo de escuela. Por lo tanto, mi querido amigo, elijas la modalidad que elijas, no digas que eres flexible, sobre todo porque no oirás decir a nadie en la profesión que es inflexible. La flexibilidad en terapia, el ajuste al cliente, como en el corte de un traje, es una actitud que no obtiene haciéndola pública, sino en las pruebas con el cliente, otra vez como el sastre”.

Emilio Gutiérrez. De un Psicoterapeuta

(Dentro de Cartas a un Joven Psicólogo, 2000)

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